Esta generación no recuerda ninguna otra propuesta o proclama que haya concitado respaldo casi unánime de la población como el anuncio del presidente Danilo Medina ante la Asamblea Nacional de que promovería un impuesto a las ganancias inesperadas por las exportaciones de minerales, si la Barrick Gold persiste en no aceptar revisar el contrato de explotación de la mina de Pueblo Viejo.
Aunque algunos a regañadientes, casi todos los partidos políticos, sindicatos, organizaciones populares y de la mentada sociedad civil han ofrecido aquiescencia al planteamiento del Presidente que recoge una dignidad nacional que estuvo dispersa en pantanoso terreno del oportunismo político o de intereses corporativos.
Amparada en el poder e influencia de grupos mediáticos y mentados hacedores de opinión, que recrearon la historia bíblica de las 33 monedas, la multinacional Barrick reeditó la idea de Melquíades, el personaje de Cien Años de Soledad, al confundirnos con Macondo y mercadear la buena nueva de que el Gobierno obtendría ingresos once mil millones de dólares por la explotación de Pueblo Viejo claro en 25 años.
Lo que venderá la Barrick no son lingotes enmantados que impresionaron a los macondianos, sino barras de oro, cuyo precio en los mercados internacionales supera los mil 700 dólares, y por los cuales obtendría en promedio dos mil millones de dólares al año, con la venta de un millón de onzas.
Como dijo el presidente Medina, la multinacional canadiense pretende adjudicarse 97 dólares de cada cien que reporten las exportaciones de oro y que los dueños de la mina de Pueblo Viejo, que es el pueblo dominicano, solo obtenga tres míseros dólares, al menos durante todo el periodo de vacas gordas.
El presidente de Barrick Pueblo Viejo, Manuel Rocha, ha proclamado con bombos y platillos que los dominicanos obtendríamos US$11,000 millones por nuestro oro, pero no se atreve a revelar que la empresa se alzaría con casi 40 mil millones de dólares, un desbalance sencillamente inaceptable.
No es verdad que el justo reclamo del Gobierno y del pueblo dominicano a obtener mayor participación en las utilidades por la explotación de la mina de Pueblo Viejo, pone en riesgo la seguridad jurídica ni el clima de inversiones porque de lo que se trata es de impedir un virtual saqueo.
El presidente Danilo Medina, en su memorable discurso del 27 de febrero ha concitado el respaldo de todo su pueblo, lo que lo obliga a no mudar un paso atrás ni para coger impulso, pase lo que pase, porque como se advirtió en un editorial de este periódico, nadie se muere en la víspera.

