Opinión

Abril en la memoria

Abril en la memoria

Desde la muerte de Trujillo han pasado casi 50 años. Desde el estallido de la revuelta de 1965 han pasado 45 años.

Y sin embargo, el país continúa sumergido en el subdesarrollo. Nada nos dice que en poco tiempo  superará la pobreza y la marginalidad. Por el contrario, todo indica que faltan muchos años para dar el salto cualitativo y cuantitativo hacia el desarrollo.

Los  expertos en ciencias sociales tienen que explicar por qué a la muerte del tirano no se produjeron cambios sustantivos que permitieran una ruptura de los esquemas. De igual modo, deben decir qué pasó luego de abril del 65 y la posterior intervención militar estadounidense de la cual se cumplen hoy, justamente, 45 años.

En 500 o 600 palabras de que dispongo es imposible ofrecer explicaciones satisfactorias. Sin embargo, puedo decir que el dictador fue asesinado, pero la dictadura no fue descabezada por completo. El trujillismo como método, como cultura y como fuerza política continuó vigente. Aún hoy, pese a  los cambios sustanciales que ha   experimentado la sociedad, muchos de sus valores siguen incidiendo en nuestro medio. En pocas palabras: Mataron a Trujillo, pero no el trujillismo. Murió el tirano, pero no la tiranía.

Dicen que sin “el borrón y cuenta nueva” de Juan Bosch el Partido Revolucionario Dominicano no habría llegado al poder porque los trujillistas no lo hubieran permitido. Posiblemente sea cierto, pero el ascenso del PRD al poder terminó dramáticamente con el golpe de Estado de 1963 que trajo consigo luchas populares incandescentes que alcanzaron su máxima expresión con el llamado a tomar las armas que hiciera José Francisco Peña Gómez un 24 de abril del 65. Pero antes el pueblo dominicano perdió a Manolo Tavarez  justo, el líder político más puro que ha tenido el país después de Juan Pablo Duarte.

El pueblo parecía encaminarse hacia la victoria cuando los revolucionarios constitucionalistas enfrentaron las fuerzas reaccionarias civiles y militares que se oponían al retorno al gobierno del presidente legítimo, profesor Juan Bosch.  Una figura emblemática surgió casi de la nada para colocarse al frente de las tropas constitucionalistas: El coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó. Bajo su mando la insurrección popular se convirtió en una guerra patria cuando Estados Unidos decidió intervenir militarmente el territorio nacional.

El Nacional

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