Opinión

Acepto con humildad

Acepto con humildad

Jamás negamos nuestra emoción por la alta distinción del Premio de la Paz 2008, que nos fuera concedido por la Seccional de la Comisión de Derechos Humanos de Rhode Island, Providence, E.U, dirigida  Víctor Martínez, gloria de la dominicanidad y la labor comunitaria en aquella grandiosa y progresista ciudad.

En nuestro país, los Derechos Humanos han experimentado ciertas mejorías, aunque todavía falta mucho por hacer.

Algunos presuntos “todólogos” sin conocimiento de causa emiten juicios errados sobre la misión de los activistas de los derechos ciudadanos y formulan injustificados desaciertos y ofensas en sus consideraciones, porque  interpretan mal la Carta Magna, desconocen los tratados, convenciones, resoluciones  que obligan al Estado al respeto y cumplimiento de estos derechos, así como jurisprudencia de nuestra Suprema Corte de Justicia y de organismos internacionales.

Y bastaría inquirir  a estos, si saben cuantas agrupaciones y directivos de Derechos Humanos existen en el país. Y les preguntamos: ¿Que culpa tenemos los activistas de estas prerrogativas universales, cuando un antisocial o no comete un crimen o delito, contra personas y  miembros de la Policía Nacional, las Fuerzas Armadas en el cumplimiento del deber o gratuitamente? Y respondemos. ¡Ninguna. Jamás, ninguna!

¿Qué culpa tiene el Jefe de la Policía Nacional de que personas realicen asesinatos, secuestros, atracos, cuando él es el más preocupado por la preservación del orden y la paz? Volvemos a responder: ¡Nada, absolutamente. jamás!

Cada hombre es responsable de sus actos y nadie lo es por la actitud negativa de otros.

Entre los objetivos de los Derechos Humanos y así nuestra entidad viene haciéndolo, es luchar por el cumplimiento de las leyes y por mejor vida para todos.

Acepto con humildad el reconocimiento del premio de la paz 2008 y lo dedico a mi madre fallecida, a todos mis familiares, a los dominicanos y sancristobalenses residentes en los Estados Unidos y otros países, porque esta distinción es un reconocimiento a mis luchas. Por eso, gracias del alma al caro y queridísimo amigo Víctor Martínez y a la filial que valientemente dirige.

Y sigo afanando porque Jesús esta con nosotros; cumpliendo la voluntad de mi madre, la profesora Mercedes María Nina, quien dos días antes de morir me dijo: “¡Domingo, hijo mío sigue luchando por los necesitados. No abandones los Derechos Humanos. Mantén tu honestidad y llévalos a la tumba. Adiós hijo del corazón!”

En el nuevo aniversario de estas prerrogativas, hacemos nuestras las palabras de  Lousie Arbour, Alta Comisionada para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, al decir: “Es difícil imaginarse hoy el cambio fundamental que representó la Declaración Universal de los Derechos Humanos cuando se aprobó hace 60 años. En un mundo de pos guerra lacerado por el holocausto dividido por el colonialismo   y sacudido por la desigualdad”.

El Nacional

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