Permanecer obedientes, atentos a la señal del Presidente, ha sido la estrategia de José Tomás Pérez, Radhamés Segura, el vicepresidente Rafael Alburquerque y, de alguna manera, del ministro Franklyn Almeida. Apostando a la suerte del dedo, intentan replicar el traspaso de mando Álvaro Uribe-Juan Manuel Santos e Inacio Lula-Dilma Rousseff.
Todo indica que la doctora Margarita de Fernández abandonó la idea de suceder a su esposo, echando a un lado la fórmula Kirchner. Inexacta la ecuación, fallidos los resultados. Fernández habrá aprendido en su dilatada y exitosa carrera que las lealtades no se expresan en la sumisión y que la gratitud es un sentimiento muy complejo en este oficio. Igual, que su retorno en el 2016 sería menos probable con su partido fuera del poder.
Endosar su liderazgo a favor de otro candidato que no sea Danilo Medina delataría una actitud revanchista desconocida en él, la que disminuye las posibilidades de triunfo del PLD en el 2012. Un líder auténtico proyecta y consagra sus fuerzas cuando somete sus decisiones en provecho de la colectividad.
Si peligrosos son las tentativas de violar la Constitución para repostular a Fernández, promovidas por un puñado de senadores y un par de funcionarios de segunda categoría, más aún lo sería, en el PLD, la imposición de un candidato diseñado a la carrera. Exponerse a ser vencido por las incuestionables fuerzas de Danilo Medina, no es un riesgo que se jugaría un dirigente inteligente como él.
En el PLD, sólo Fernández y Medina cuentan con seguidores en el Congreso y en los ayuntamientos, por tanto, sus tendencias son tan orgánicas como parejas. Que supere en popularidad a Medina no significa que pueda hacerlo, interpósito, a través de un tercero. Menos si esto expone al PLD a división y derrota inevitables.
Este país no es Colombia ni Brasil. De ser así, vale destacar, a propósito, el distanciamiento entre Santos y Uribe. Las lecciones son para acopiarlas, aprenderlas y evitarlas si sus resultados son negativos. O imitarlos cuando funcionan.
