Opinión

Acroarte

Acroarte

Mencionaba en un artículo anterior mi preocupación sobre ACROARTE y sobre si este gremio  entiende el inmenso poder que detenta por su acceso a los medios de comunicación y su papel  en el ascenso, consagración  o desaparición de un/a artista, sobretodo popular.

Una pregunta que todos y todas nos hacemos es: ¿Qué es lo que exactamente premia ACROARTE? Además, ¿qué papel juega la lírica, la poesía, la ética,  en la selección del o la galardonada, en función no solo de la posible popularidad de sus temas, sino también de su trayectoria personal?

Se escucha decir que el Casandra del año pasado costó 90 millones de pesos y que el número de auspiciadores incluyó no solo a la Cervecería Nacional, hoy brasilera, sino a unas veinte y tantas empresas de todo tipo.  Una pregunta que surge es: ¿Cómo se utiliza ese dinero, esa ganancia? ¿Ha creado ACROARTE un seguro de vida, y médico, para toda su membrecía?  ¿Ha creado un sistema de becas para la especialización de sus afiliados y afiliadas en teatro, danza, ballet, plástica, dramaturgia, que eduque y fundamente sus crónicas o críticas en los medios en que trabajan? ¿Talleres sobre distintos aspectos que afectan a los mismos artistas sobre quienes escriben, para poder asesorarlos artística y humanamente?

Estas preguntas fácilmente  podrían derivar en un programa de acción educativa y formativa de la propia membrecía de ACROARTE, si esta comenzara a formalizar su rol como gremio del grupo de periodistas con más ascendencia mediática en nuestro país.

¿Por qué insisto en el impacto social de ACROARTE?  Porque solo hay que medir el impacto social que tienen los conciertos de los bachateros, merengueros, raperos y hip hoperos en los sectores  jóvenes y populares del país.  Para muestra un botón:  Me invitaron en Nueva York a un concierto de Los Rosario y la fila de compatriotas abarcaba seis cuadras.  No pudimos entrar.  Eso se llama impacto, en una población mayoritariamente popular y por ende analfabeta funcional, que no lee, pero escucha música y es influenciada por los contenidos de las canciones que produce, con pocas excepciones,  la marginalidad.

¿Qué sucedería si ACROARTE  premiara las letras de las canciones que dignifiquen a la mujer, a la niñez, a la ancianidad, a la propia juventud?   Y, ¿qué sucedería si ACROARTE se negara a premiar una canción, un tema, por popular que fuera, porque su contenido contribuye a la violencia, a la drogadicción, a la violación, al feminicidio? Y, ¿que sucedería si ACROARTE creara un fondo específico  para la asesoría emocional  y ética de los y las artistas cuyo accionar constituye su modus vivendi?

De ello hablaremos en la próxima entrega.

El Nacional

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