Ante la concretización de una ignominia, a su autor le quedaría, si es que le resulta posible encontrar en su alma retorcida algún resquicio de pudor, el recurso supremo del silencio. Enmudecer, como respuesta elocuente, por avergonzada, ante la acción abominable que se ha consumado.
Hacer lo contrario, es decir, fanfarronear, cual símbolo de petulancia y engreimiento, como si nada gravísimo hubiese sucedido bajo su preponderante responsabilidad, delata un espíritu sinuoso, pervertido, apologista del descaro, con una pérdida irreversible del sentido ético y una ofensa inmerecida a la inteligencia de los demás, cuya benevolencia se persigue inútilmente a partir de un ardid tan engañoso.
Afrentas como esa se reiteran, con la puntualidad infalible de la gota que se desparrama del grifo con fuga, en un escenario tan maleado como el que caracteriza a nuestro país. Proclamar, sin el menor vestigio de remordimiento, episodios que constituyen una vulneración de las normativas vigentes, sólo es concebible allí donde no se percibe ningún temor ante una potencial aplicación de las sanciones correspondientes. Es la prepotencia derivada de la impunidad.
Bastaría recordar, como prueba irrefutable de lo afirmado, que la nación fue testigo, asombrada, pero paralizada por el terror, de la osadía de un presidente que confesó conocer los autores de un asesinato, pero que sólo lo revelaría años después de su muerte a través de una persona llamada a sobrevivirle. Se trató de una típica caracterización de la complicidad por ocultamiento, explicada en el convencimiento de que su condición lo colocaba más allá del bien y del mal. Era el amo de este feudo y en esa calidad actuaba.
En la actualidad, para que no se olvide lo poco que las cosas han cambiado, un Secretario de Estado admitió que los precios internos de los combustibles no reflejarán en su totalidad la reducción del costo del petróleo, porque el gobierno debe compensar lo que dejó de recibir cuando, supuestamente, no aplicó en toda su magnitud la alzas del oro negro. No hace falta recordarle, porque lo sabe muy bien, que existe una ley que establece que la tarifa de los combustibles será proporcional al precio del crudo y del dólar. Es una disposición que sólo sirve para demostrar la poca transparencia en un tema que todos aceptamos lo que se nos impone cada semana, sin ninguna prueba de lo decretado.
Otro ejemplo es la inaceptable impotencia con la cual se asume como un hecho inevitable, la negativa de muchos funcionarios nombrados y electos a cumplir con la ley que los obliga a hacer una declaración de patrimonio, tanto al inicio de sus funciones como al final de las mismas. Es obvio que algo se pretende esconder al no acatar una acción tan simple como esa. La irrisoria sanción prevista en el texto es la excusa para justificar la complacencia, sin percatarse que con ello están reiterando una ineptitud para imponer, en todas sus vertientes, el imperio de la ley. Estas irresponsables admisiones, son bochornos que se estrujan, lacerándola, sobre la maltrecha mejilla nacional.
yermenossantos@codetel.net.do
www.pedropabloyermenos.com
