Algunos escritores, al analizar la creación literaria africana, consideran que está marcada por una triple herencia o influencia: los valores autóctonos, el Islam y la cultura occidental.
Por ejemplo, la ficción africana se ha enriquecido con el contacto con la narrativa de los países del norte y la poesía autóctona africana, en Africa Oriental o en las costas del Océano Indico, se han beneficiado de la tradición islámica.
Las formas o fuentes literarias tradicionales con influencia en la creación literaria africana contemporánea son principalmente las siguientes: los proverbios, el cuento, la fábula y la narración histórica (a veces por profesionales, como el caso de los griots).
La Poesía, oral o escrita, en idioma autóctono o en un idioma extranjero, continúa representando la forma literaria más viva en Africa. El caso más sobresaliente de la pujanza de la poesía es Somalia, donde se convirtió en arma política antes de la independencia y continuó siendo, ya en la Somalia independiente la forma más popular y aceptada de transmitir todo tipo de creación literaria, crítica política y de costumbres.
Otro caso es Tanzania donde los periódicos, junto a la sección del correo de los lectores, suelen contar otra dedicada a la poesía, en la que se insertan los poemas enviados por lectores sobre los temas más variados: desde la medicina tradicional hasta comentarios sobre las leyes o las últimas noticias, pasando por los problemas matrimoniales o el índice de inflación.
La novela, aunque lejanamente emparentada con el cuento y otras formas de narración, puede considerarse como una forma literaria importada. Una característica de la narrativa africana es la ausencia de la novela heroica o de ensalzamiento de figuras nacionales.
Esta ausencia parece extraña, después de haber pasado muchos países por guerras de independencia. Chinua Achebe, embajador extraordinario de Biafra durante la guerra civil, tomó este conflicto como tema de algunas de sus escritos, pero la situación de la posguerra de Nigeria lo disuadió de glorificar a los héroes de Biafra para evitar volver a abrir las heridas de la guerra.
Otro caso es de la combatiente acholi de los años 80, Alice Lakwena, a quien el gobierno de Yoweri Museveni la consideraba como una «rebelde tribalista «, lo que puso obstáculos a la difusión de obras que pudieran cantar su gloria.
En la tradición oral, una proporción fuerte de autores y cuentistas han sido mujeres.
Esto se ha traducido en la actualidad en la existencia de una proporción importante de mujeres entre los escritores.
Tratan de resistir contra la colonización de la mente africana. Es un movimiento en el que literatura y política están tan unidos que es difícil decir si era un movimiento cultural que influía en la actividad política o a la inversa.
El senegalés Leopoldo Sédar Senghor que contribuyó a sentar las bases de este movimiento es considerado como su principal representante. Senghor, Fodeba, Keita, Dadié, Cofi y otros, se servirán de revistas como Presencia Africana (París), Orpheo Negro (Ibadan) y Transición (Kampalas y Accra) para transmitir sus ideas.
Este movimiento fue extendiéndose, y escritores como Jean-Joseph Rabeanvelo (Madagascar), Tchicaya U’Tamsi (Congo) y Yambo Ouologuern (Malí) se sumarían al mismo para defender la existencia de una literatura africana, combatir el imperialismo cultural europeo y por el desarrollo de una cultura africana.
Siete temas, relacionados entre sí, serán donde se manifestarán las ideas de la «autenticidad».
Uno es la oposición entre el pasado y el presente de Africa. Muy a menudo, el tratamiento de este tema revela una nostalgia profunda, una idealización del pasado. Claro ejemplo de esto es la obra de Jomo Kenyatta.
Otro tema es sobre el conflicto entre la tradición y la modernidad. Sigue estando de actualidad en la literatura contemporánea.
Además la oposición entre el mundo autóctono y el mundo extranjero.

