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Agenda Global

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Hoy es 16 de agosto y cumple el presidente Danilo Medina un año de su ascenso al poder. Por estos días los medios de comunicación y los columnistas se ocupan de analizar las ejecutorias de este primer tramo de su gobierno y, por una amplia mayoría, se inclinan por atribuirle un balance positivo al mismo basados en múltiples argumentos de todos conocidos.

Entiendo, parafraseando al lúcido intelectual y mordaz cronista de estos nuevos tiempos Andrés L. Mateo, que todos estamos “más contentos” con Danilo al frente del Ejecutivo porque,  lo vemos “fajao” gobernando y eso renueva la esperanza de un país mejor. Y no sólo por las incursiones dominicales en las que el Presidente pasa al cumplimiento de la promesa de campaña, sino además porque muchas horas y todos los días se evidencia su accionar con la intención de beneficiar las mayorías desposeídas.    

No obstante, uno de los fardos más pesados que le dejó la administración pasada (además del maletín lleno de facturas por pagar…) está casi intacto al cumplir un año de gestión y, como me admitía un gran amigo y simpatizante de siempre del partido de gobierno: ya es tiempo de “meterle mano a eso” porque ya se le está “pegando al compañero Danilo ese “foul” que dio otro”.

La columna refiere al servicio exterior de la nación catalogado por el acucioso y valiente periodista de la revista “La Lupa”, Edwin Ruiz, como “una vergüenza nacional que cuesta más de RD$1,400 MM en salarios al año”. También señala que “La nómina del Ministerio de Relaciones Exteriores de República Dominicana incluye 1,500 asignados en consulados y embajadas. Tres de cada cuatro no están acreditados oficialmente en los países y organismos multilaterales a los que fueron enviados, lo que significa que no pueden ejercer su función y, por lo tanto, cobran sin trabajar”.

Estos números son sencillamente escandalosos al compararlos, por ejemplo, con Costa Rica: en la nación centroamericana tres de cada cuatro diplomáticos que representan al país en el exterior están profesionalizados, mientras aquí son “botellas” que cobran miles de dólares y euros. De un total de 174 funcionarios diplomáticos 129 son de carrera y 45 fueron escogidos por comisión, es decir, por una decisión política tomada por la figura del Presidente de la República en concordancia con el canciller. Con los cónsules ocurre lo contrario: de los 83 que representan a Costa Rica, 71 son de carrera y 12 nombrados “a dedo”.

Como vemos, un hermano país que sin dudas nos aventaja en cuanto a la efectividad de la acción exterior del Estado, medida ésta en términos de protección de sus nacionales, promoción de sus inversiones y exportaciones y de su “peso específico” en los organismos internacionales, cuenta con sólo 257 funcionarios diplomáticos y consulares bien preparados para la tarea y cumpliendo sus jornadas de trabajo.

Al presidente Medina le queda, entre otras no menos importantes que ya ha iniciado, esta asignatura pendiente en materia de profesionalización del servicio exterior y de integración a la carrera diplomática de funcionarios competentes que representen los intereses del Estado dominicano en todo el mundo. La tentación del clientelismo político es grande, pero ojalá primen los criterios de buen gobierno que han marcado este primer año.

El Nacional

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