Esta semana salió a la luz un manifiesto preparado y suscrito por 57 intelectuales, profesionales de diversas áreas del saber, líderes comunitarios y representantes de la sociedad civil preocupados por el derrotero que ha tomado el proceso político del país en los últimos años de gobierno del PLD. Me cuento entre los suscribientes de este documento que está abierto a la firma de quienes también constatan y padecen el profundo deterioro del ejercicio democrático del poder, y compartan la propuesta de este movimiento cívico sobre las acciones prioritarias que debe acometer el gobierno electo el 20-M.
Si bien el manifiesto no es explícito al respecto, tengo derecho a afirmar que considero al PRD como la mejor opción en defensa de la democracia ante la amenaza de las tendencias despóticas y continuistas del PLD, que aspira establecer una dictadura de pensamiento y de partido únicos en base a la pretensión de que el consenso popular es la única fuente de legitimación del poder político (Ferrajoli).
Para lograr esta mayoría con vocación autoritaria, el PLD se ha convertido en un partido-corporación quecompra elecciones con el uso de los recursos públicos. El clientelismo opera como herramienta de dominación social y la corrupción en la gestión pública es su forma de acumulación de un poder económico que compite de manera desleal con los empresarios privados en el mercado local y, como hemos visto recientemente, en los internacionales como Haití y Panamá.
Si bien he reiterado que el producto de la reforma constitucional del 2010 es, salvo algunos aspectos impugnables, una norma suprema moderna, en su aplicación el partido oficialista ha impuesto una dictadura de la mayoría que ha conformado un predominio político caracterizado por el control de los poderes del Estado, en desmedro del principio cardinal de la independencia y del contrapeso entre ellos como quiere y manda la Constitución.
Como bien nos explica Zagrebelsky, en las sociedades pluralistas actuales marcadas por la presencia de una diversidad de grupos sociales con intereses, ideologías y proyectos diferentes, elEstado constitucional debe evitar que ninguno tenga fuerza suficiente para hacerse exclusivo o dominante y así monopolizar el ejercicio de la soberanía estatal. El PLD ha consolidado una hegemonía en los poderes públicos basado en la cultura de la imposición y en el nombramiento de cuadros partidarios en todas las instituciones del Estado, como se conoce.
Entiendo que frente a esta grave concentración de poder que ha generado un retroceso democrático y desigualdad entre dominicanas y dominicanos, el PRD y su candidato Hipólito Mejía representan la mejor garantía de equilibrio político y social en los comicios que se acercan. Además, en sus propuestas de gobierno también está lograr un crecimiento económico con equidad social, la voluntad de combatir esta corrupción rampante, la impunidad que la acompaña y la inseguridad ciudadana que nos acogota, así como descentralizar el Estado y priorizar la educación como vector esencial del desarrollo humano de este pueblo siempre digno de mejor suerte.

