No muchos pueblos han defendido con las armas su Constitución como la República Dominicana en 1963, a raíz de que fuese quebrantada con el derrocamiento del presidente Bosch a 7 meses de tomar posesión. Luego de una dictadura de 31 años donde la voluntad omnímoda de Trujillo la redujo a un pedazo de papel, con el ascenso al poder del Partido Revolucionario Dominicano la nación se dotó de una Constitución moderna que, 48 años antes, sentaba las bases del Estado Social y Democrático de Derecho que todavía hoy es una aspiración nacional en los hechos.
En síntesis, la Constitución de 1963 fue desconocida por el golpe militar del 25 de setiembre de ese año. La lucha por la vigencia de esa Norma Fundamental llevó a los patriotas dominicanos a la revolución constitucionalista del 24 de Abril de 1965, que devino guerra patria en defensa de la soberanía nacional por la invasión de Estados Unidos cuatro días después.
Hace unas horas terminé de leer Caamaño en Europa (1966-1967), reciente obra del guerrillero de Caracoles y prolífico historiador Hamlet Hermann: muy bien escrita, con una prosa ágil y un estilo novelado de presentar los hechos y documentos históricos que hace su lectura fluida e interesante. Al narrar las incidencias de la intrahistoria que parte de la deportación diplomática del Coronel Constitucionalista hasta su desaparición (viaje a Cuba), se encuentran numerosas alusiones al constitucionalismo heroico que impregnó las acciones de los patriotas que lucharon por retornar a la vigencia de la ley de leyes de 1963.
Por los frecuentes viajes de Caamaño a otras capitales europeas, Hermann relata que en febrero del 1967 el mayor general Enrique Pérez y Pérez, secretario de Estado de las Fuerzas Armadas, envía una comunicación al Embajador en Londres mediante la cual le informa que a los agregados militares les está prohibido por la Constitución ausentarse de su sede diplomática sin la autorización de esta Secretaría de Estado, de la cual dependen.
El presidente provisional Héctor García Godoy había, de manera expresa y escrita, dispensado al Coronel Caamaño de este requisito, y la reacción del héroe de abril fue más que elocuente: A mí me tocó el honor de figurar a la cabeza de un movimiento histórico que se hizo en defensa de la Constitución de la República, suena ridículo pues mencionar precisamente la Constitución a la hora de amenazarme con ser cancelado como oficial de las FFAA.
Sobre la polémica decisión de ex presidente Bosch de marcharse voluntariamente del país en los turbulentos finales de 1966, y contrario al silencio culpable de la prensa de la época, el vespertino El Nacional editorializaba que si bien el profesor Bosch necesitaba descanso, como todos los hombres, advertía que si aquí los que pueden hacer algo por el pueblo se echan a descansar en estos momentos, ¡Dios nos ampare! Por ello Bosch se negaba a dar entrevistas a este periódico, por lo que expresa el autor que Sorprendía esta discriminación de Bosch contra el medio de comunicación que más y mejor se identificaba con los principios de la constitucionalidad.

