Al parecer, los dominicanos de a pie deberían postrárseles a los funcionarios que cumplen con las responsabilidades propias de sus cargos. Imagínense que por ahí andaba uno enloquecido por seguir encaramado en la mula, que para demostrarle a Danilo Medina su valía se despachó con la risible especie de que durante su gestión los pobres le agradecían haber bebido agua fría.
Me da lástima que gente importante, por así decirlo, se deje ganar por el arribismo. Aunque como él hay muchos, lo cierto es que tamaña tontería produce vergüenza ajena, pues es falso que nadie tenga que agradecerle nada a quien sea remunerado, y muy bien remunerado, con los recursos aportados por los que no tienen otra obligación que la de trabajar y pagar impuestos.
En su frustrante gestión, los que pagamos la energía eléctrica no recibimos otra cosa que más apagones y escandalosos aumentos en la facturación. Ahora bien, si este abanderado del culto a la personalidad hubiese trabajado de forma honorifica, el cuento fuera otro. Pero hacer lo suyo, y hacerlo mal, no es ni será jamás remotamente suficiente para agradecerle nada.
Beber agua fría tampoco es una conquista merecedora de la composición de ningún himno. Si dispusiésemos de un servicio energético eficiente, si no precisásemos de inversores, plantas eléctricas, velas ni lámparas de gas, si esa institución no estuviese tan endeudada, considerara mi voto para darle una palmadita de consuelo. A decir verdad, con la enorme cantidad de dinero que administró, el saldo de su administración debió ser menos deficitario, y además de disfrutar del derecho de beber agua fría, deberíamos sentirnos como en el Polo Norte.

