¿Y quien dijo que habían desaparecido? De lo que se trata no es de resucitar un género que estaba durmiendo el sueño eterno. Tampoco del resurgimiento de un tipo de cine que en décadas pasadas tocó fondo de forma calamitosa.
El cine de desastres ha estado siempre ahí. A las sombras y entre nosotros; siempre expectante y bien dispuesto, como esperando el momento para dar el zarpazo.
A mediados de los años 90, luego de que Twister e Independence Day dos films de alcances muy modestos se apoderaron de la taquilla mundial y dejaron al espectador exhausto, muchos pensaron que la reciente ola de cine apocalíptica entraría en un inevitable receso.
Sin embargo, en 1998 dos películas igual de mediocres y fallidas, que apuntalaban la posible desaparición del planeta Tierra, Impacto Profundo y Armageddon, reeditaron el éxito logrado por aquellas. Y una vez más el género agarró sus maletas.
Pero en el año 2006, el director Wolfgan Petersen volvió a la carga con Poseidon, que fue un fracaso, mientras Scott Derrickson y Keanu Reeves, se embarcaron, en el 2008, en el remake de The Day the Earth Stood Still, cuyo resultado tampoco fue muy favorable.
Aún así, hace dos años el especialista en cine de desastre, Roland Emmerich, le tomó la palabra a la legenda Maya que establece el fin del mundo el próximo año, y realizó 2012. La película, que puede catalogarse como una colección de delirantes efectos visuales, no tuvo mucho éxito en Estados Unidos, pero sí en el resto del mundo.
Battle: Los Angeles, que acaba de estrenarse en Estados Unidos, constituye la más reciente incursión en este desprestigiado género. El film se situó en el primer lugar en la taquilla, pero ha sido vapuleado por la crítica. ¿Creen ustedes que hasta ahí llegarán las cosas?
De ningún modo. Dada la paranoia apocalíptica que ha permeado los confines de la tierra, tan solo en el último año, es indudable que con Juicio Final o sin él, Hollywood sabrá sacar partido de ello. Esperemos.

