Cuando el teatro se llena de público y boletería cierra dos horas antes porque nada hay que ofrecer a quienes llegan a última hora, el teatro ha ganado su primera batalla, independientemente del espectáculo como tal.
Pero si a la demanda de boletas y la ocupación de las localidades de la intima y nunca justipreciadamente valorada Sala Ravelo, usted agrega los ingredientes que presenta Ahora o Nunca (sobre texto de Domingo de Oliveira): la desenvuelta e incisiva actuación de dos actrices adecuadas para estos roles, una buena dirección (no a la altura a que nos acostumbra un Giovanny Cruz, pero ciertamente acertada), una escenografía inteligentemente trabajada y un ritmo trepidante con los mosaicos monologales uno tras otro, lo que obtiene al final es una magnífica experiencia de disfrute teatral, adornada por la larga relación de denuncias contra el egoísmo emocional masculino, tan previsible como dañino a la burbuja del imaginario femenino.
Ahora o nunca en realidad es una sucesión de monólogos de interiorismo femenino cotidiano, altamente disfrutable por un público que viene a desconectarse de la cruda realidad social que enmarca la via urbana.
La pieza se disfuta intensamente, pero no es el teatro conceptual y denso a que nos acostumbra Giovanny Cruz.

