Opinión

Ahora o nunca

Ahora  o nunca

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En el reverso de la moneda política partidaria del país, después de presenciar el pesaroso espectáculo que refleja la cara que representa al PLD y sus decepcionantes gobiernos, está la oposición.

Sería irresponsable, carente de objetividad, el análisis basado en exonerar la cuota de culpa que a ésta hay que asignarle en su imposibilidad de estructurar una opción con suficiente contundencia para desalojar del poder una organización sustentada sobre bases cuya falsía resultaría posible demostrar de hacerse con una estrategia provista de inteligencia.

Las fuerzas políticas supuestamente adversas al actual estado de cosas, no solo han sido incapaces de lograr lo anterior, propiciando el doble perjuicio de permanecer fuera de posiciones electivas, facilitando que sean ocupadas por sus rivales, sino que todo indica que no han asimilado las lecciones que sus torpezas debieron dejarles y lucen decididas a transitar el sendero que las han conducido a idénticos destinos.
¿Acaso consideran que, a 13 meses del primer certamen electoral del próximo año, con las condicionantes y plazos que impone la Ley de partidos, el tiempo les sobra para hacer lo que deberían si es que tienen vocación de poder? Es obvio que nueva vez el calendario les sorprende afectadas por las mismas características signadas por sectarismos, protagonismos inconducentes y afanes presidencialistas de muchos que de ser cierto que anhelan una nación diferente deberían estar dispuestos a sacrificar aspiraciones en aras de consolidar una opción unitaria con posibilidades de competir y que incrementaría exponencialmente sus chances de ocupar regidurías, alcaldías, diputaciones, senadurías o cargos administrativos ante una posible victoria. Pero qué va, les seduce más ser identificados como candidatos presidenciales que como titulares efectivos de uno de esos cargos.

La historia del PLD, de manera particular después de sus larguísimas horas de haberse instalado en Palacio Nacional, prueba su aptitud para superar conflictos internos y asumir las decisiones más convenientes a sus intereses. De ahí que, una oposición sabia partiría de la premisa de que va a enfrentar una organización unificada y con la conocida disposición de hacer y gastar todo lo que sea necesario para preservar sus dominios aun sea con la ilegitimidad que esos espurios mecanismos atribuyen.

Por eso, es ahora o nunca que debe concertarse un frente político opositor en torno a lineamientos que garanticen que el esfuerzo valdría la pena en función del país. De lo contrario, que se preparen para continuar mordiendo el polvo de su ineficacia.

El Nacional

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