Oh, Virgen de la Altagracia, extiendes tu santa mano al pueblo dominicano y aléjale la desgracia.
Que se viva a plenitud el gozo de una nación que en base a la educación salve a nuestra juventud.
Bendices a nuestra nación que tiene dolor de alma porque ya no vive en calma por la descomposición.
Evítanos los suicidios, el odio, robo, maldad y la fea realidad de tantos feminicidios.
Que no le hagamos el juego por dinero al traficante haciéndonos ignorantes o creyéndonos los ciegos.
Que el que suba nunca vea al de abajo con desprecio, porque pagará su precio aunque en la cima se crea.
Se oye un solo clamor: que tú, por misericordia, nos devuelvas la concordia y borres el desamor.
No puede haber desamparo para la madre sufrida que ve a su hijo sin vida sin intercambiar disparo.
Queremos un país sano que canta contigo y ora a ti, madre protectora del pueblo dominicano.
Somos una tierra rica, pero hay mucha frustración.
Te pido con devoción: ¡mete tu mano, Tatica!

