Nadie ignora que el pilar más importante del desarrollo es el Poder Judicial, y que el concepto del Estado de Derecho se traduce en caricatura si quienes lo representan son venales, incompetentes o permeables a influencias partidarias. Por tanto, lo ideal sería que el Consejo Nacional de la Magistratura, a pesar de que 5 de sus 8 miembros están políticamente comprometidos con el PLD, coloquen los intereses nacionales en el centro de sus prioridades y estructuren una judicatura independiente, sin filiaciones políticas.
He sido partidario, precisamente animado por ese ideal, de que el magistrado Jorge Subero Isa sea confirmado como presidente de la Suprema Corte de Justicia. A mi juicio y al de muchos otros que no encuentran manera de acceder a medios de comunicación, Subero ha dignificado la judicatura dominicana con su ejemplo, habiendo observado una conducta virtuosa que testimonian quienes lo conocieron como abogado en ejercicio y quienes lo han conocido como juez.
De una honestidad sin máculas, en sus funciones no ha sido leal más que a su discernimiento, a tal punto de que nadie ha osado dudar jamás que él se haya inclinado a fallar por ningún otro motivo. De manera que independientemente se haya estado de acuerdo o no con los criterios casacionales que ha sostenido en nuestro más alto tribunal, se trata de un cultor de las disciplinas jurídicas, y más importante aún, no hay riesgo en asegurar que en el sagrado oficio de impartir justicia, nada lo ha influenciado para que se desvíe del camino que le ha dictado su conciencia. Ojalá, pues, que al momento de deliberar, el Consejo Nacional de la Magistratura descarte la conveniencia de escoger a alguien leal al partido oficialista y, en cambio, pondere la rectitud y probidad del magistrado Subero.

