Opinión

AL DÍA

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Tío Emilio fue un primo-hermano de mi papá, Félix Francisco Ayuso Demorizi y ambos, pese a cierta distancia entre ellos por la política 1930-1961, se quisieron mucho y no se cansaron de darse muestras de afecto y solidaridad.

 Hecha la salvedad, una reflexión acerca de la vida y obra del historiador.

 Minucioso investigador y autor de más de cien títulos cuya consulta se hace hoy imprescindible para la tarea en la disciplina, ocupó altísimos puestos  de gabinete y diplomáticos durante la tiranía.

 Después del ajusticiamiento del 30 de Mayo de 1930, y como tenía relaciones con Rafael Leonidas (“Ramfis”) Trujillo Martínez, trató sin conseguirlo de que el heredero del tirano girara hacia algo parecido a la democracia.

 Hasta 1965, Rodríguez Demorizi hizo cierta militancia con los grupos liberales y no se le vio en la conspiración contra el gobierno constitucional de Juan Bosch y el Partido Revolucionario en setiembre de 1963 sino todo lo contrario.

 En abril de 1965 mantuvo con firmeza esa posición, actuó como consejero político del presidente constitucional Francisco Alberto Caamaño y estuvo sin vacilaciones en su casa de la calle Mercedes.

 (Su dinero, era muy rico no por su asociación con la tiranía sino por visión para la inversión y los negocios, no estaba guardado en su casa sino en bancos aquí y en el extranjero. Tenía mucha gente de confianza a la que pudo dejar al cuidado de su casa y biblioteca y, por razones de seguridad, abandonar la zona constitucionalista.

 (Pero junto a su esposa Silveria se quedó por esos cuatro meses y en lo adelante en su casa de Las Mercedes e hizo vida pública junto al gobierno constitucional).

Desde antes, y más entonces, Rodríguez Demorizi no gozó de la simpatía y los favores del neotrujillismo heredero de la tiranía y de una clase dominante que conspiró hasta la saciedad para derrocar al gobierno constitucional y democrático de 1963 y que se entregó a la invasión norteamericana del 28 de abril de 1965.

Tenía qué perder, no sólo los bienes sino la vida, pero los puso en juego a favor de la democracia desde el 19 de noviembre en que “Ramfis” Trujillo y sus familiares, como otros de los principales criminales de la tiranía, dejaron el país.

El historiador pudo pertenecer a lo que el escritor José Ángel Saviñón llamó “la generación atrapada”. Gente que en los años que siguieron al inicio de la tiranía de Trujillo no tuvo el coraje de oponerse y morir, o el de escapar o acogerse al destierro  o mascullar aquí el silencio condenatorio de 31 años de crímenes y oscurantismo.

Pero cuando la vida le dio la oportunidad de escoger y de poner sus armas intelectuales del lado del pueblo y de la democracia, lo hizo sin temor alguno.

El Nacional

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