Opinión

AL DÍA

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En la cancha política, la pelota parecería estar del lado del equipo del Partido Revolucionario si después de la convención de marzo queda formado el equipo unitario del candidato ganador.

 En el PRD hay la historia de que sus adversarios internos lo son entre sí mucho más que de los externos.

 1986 es el mejor ejemplo.

 “Chacumbele”, que “él mismito se mató”, fue una sentencia guarachera que se aplicó también a los dirigentes del PRD que se inclinaron del lado del candidato ajeno Joaquín Balaguer frente al suyo Jacobo Majluta.

 Al candidato Majluta le robaron las elecciones y en lo adelante su estrella se apagó de manera paulatina.

 En lo adelante, el PRD cumpliría catorce años fuera del poder.

 Quienes por Balaguer santificaron ese robo, tres dirigentes perredeístas entre los cuales estaba el entonces presidente de la República, pagaron caro preferir al enemigo de fuera que al adversario de dentro.

 Salvador Jorge Blanco, el Presidente, salió del poder y, amenazado con la cárcel por Balaguer y su mano derecha Marino Vinicio Castillo, desempeñó el más triste papel que un político puede representar.

 Cobarbe y vacilante, trató hasta de huir del país tras pretextar el quebranto que Castillo llamó un “espanto coronario”.

 Aunque moriría de manera oficial veintiséis años después, Jorge Blanco desapareció como político en 1986.

 José Francisco Peña Gómez, la segunda rueda de la “troica” antipartidaria de la ocasión, salió de esa circunstancia para concurrir tres veces como candidato a la Presidencia y ser víctima de otros tantos fraudes de Balaguer.

 Y Hatuey De Camps, la tercera, iniciaría un descenso que finalmente lo llevaría a dejar al PRD y fundar un partido que sólo sirve para el “figureo” y la negociación en el mercado de pulgas de la política más barata.

 Con unidad hacia la campaña del 2000, Hipólito Mejía y el PRD ganaron la Presidencia pero el poder trastornó el mejor juicio del Presidente y, con mayoría en el Congreso, reimpuso la reelección en la constitución e hizo campaña para perder.

 Al 16 de mayo de 2004, nadie como Mejía sabía por quién se inclinaría la mayoría electoral y, en las primeras horas de la noche de ese día, reconoció como ganador al candidato Leonel Fernández, del Partido de la Liberación.

El Nacional

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