Opinión

Al día

Al día

Hace 46   años
“Sí, podemos” fue el lema de la campaña del candidato negro Barack Obama, quien, porque sí podían, el 20 de enero se juramentó como el cuadragésimo cuarto presidente norteamericano.

 El presidente Obama –y hay que recordarlo para lo que será o serán sus mandatos en la Casa Blanca-, es un producto neto del negro integrado.

 Es un negro post 1963, heredero de las conquistas de los pacifistas y de los radicales del movimiento, pero un negro de la integración.

 Hijo de un africano y de una blanca norteamericana –como sus ancestros esclavos y posesclavos por parte de padre-, estuvo en las mejores escuelas y ha ido a las mejores universidades, “Ivy League” o no.

 Fue elegido y era senador cuando el Partido Demócrata lo postuló a la presidencia, que ganó por una mayoría que no dejó lugar a dudas. Se juramentó como el presidente negro de los negros y de los blancos. Sus votos vinieron de un sector como del otro.

 Con la ironía que es grado superior de la inteligencia, un analista norteamericano de la política doméstica hizo en campaña esta comparación: “Bill Clinton era bastante negro para ser blanco y Barack Obama es bastante blanco para ser negro”.

 Quizá no se pueda definir mejor a este blanco y a este negro producto los dos de la integración, y políticos y presidentes los dos. (Clinton, vaya como un dato, fue gobernador de Arkansas, centro tradicional de segregación y discriminación raciales).

 En campaña, y ya como presidente, Obama repitió su compromiso de luchar porque la seguridad médica en Estados Unidos se nivelara con la de Canada y Gran Bretaña.

 Clinton lo intentó pero fue de sus iniciativas que tropezaron con un sector que parece contar con demasiados empresarios, senadores, representantes, gobernadores y lobistas en el poder real norteamericano.

 Al reiterar ese compromiso, no hay que ser demasiado inteligente para establecer de dónde le vendrán al presidente Obama sus principales problemas con el poder que representa, de manera discursiva el poder del pueblo pero de forma real el  de los enclaves económicos y financieros.

 Bastante avanzado el proceso de la integración que empezó en 1963, quizá no haya una medida revolucionaria para el presidente como la de hacer justicia con el seguro médico que en realidad ampara muy poco o no ampara a la gran población norteamericana, de blancos y negros.

 El fanatismo de los herederos del esclavismo y de la segregación y discriminación es de los peligros que acechan al nuevo presidente, en un país cuya historia enseña que, al golpe de Estado, los sectores de poder norteamericano prefieren el asesinato.

 Esos herederos han logrado la hegemonía de su capitalismo y permitido un cierto equilibrio que reconoce la justicia social de los derechos laborales a los blancos y negros que son sus trabajadores.

 Queda, entre los peligros, el de la estructura propietaria del servicio médico que se cobra a la seguridad social pero que no se presta a los asegurados norteamericanos más que en los casos simples de aspirina y curita.  

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación