Pero a pesar del gesto de reconocer tan temprano su extraordinaria derrota de 2004 reconocimiento simultáneo de los desaciertos de su último bienio de gobierno-, y de comprobar después cómo esos errores garantizarían la reelección del presidente Fernández cuatro años después, Hipólito Mejía ha decidido volver a la contienda.
En su partido, primero, para buscar la postulación y, de ganar la convención y contra el no decidido aún candidato del Partido de la Liberación, luchar por la presidencia en el 2012.
En su fuero interno, como lo reconoció en su condición de gran perdedor de las elecciones de 2004, Mejía tiene que saber del peso desfavorable que carga, no tanto como precandidato sino como eventual candidato.
En esas aspiraciones compite con Miguel Vargas Maldonado, presidente en licencia del PRD y quien, en el orden político, no arrastra el pesado lastre de su contendor.
Con poco encanto personal aunque con fama de buen administrador y de político de vocación y de trabajo, Vargas Maldonado lucha frente a Mejía y, en la cancha interna, la pelota parece estar de su lado.
El hecho de que Mejía aceptara con rapidez su derrota nacional en 2004 y de que Vargas Maldonado no tenga un mal antecedente en cuanto a reconocer que no gane en lo interno y lo externo pinta de otro color la perspectiva de la convención de marzo.
Más que nada cuando se sabe que el presidente Fernández ha arrastrado al PLD, con gobierno y medio desde 2004 adelante, a una situación de descrédito que lo debilita y coloca sus esperanzas, si acaso, para después de 2012.
El escándalo de corrupción gubernamental no los escándalos porque no son dos o tres y aislados sino muchos y permanentes-, y el hecho de no haber hecho mayores cosas en esos seis años de gobierno, no colocan al PLD en la mejor posición para el continuismo.
Y sin posibilidad alguna de volver a presentar como candidato al Presidente, lo que de manera clara y tajante prohíbe la Constitución, ni de utilizar a su capricho y como en 2008 los recursos del Estado para imponer un triunfo electoral, en la cancha del juego político la pelota no está del lado del equipo del partido gobernante.
Si el PRD sale airoso de la convención de marzo si hay competencia y un ganador sin discusión y unitario-, su camino hacia 2012 no será tan tortuoso.
Lo que falta por ver es si, de espaldas a las actuaciones perredeístas de 2004 hasta hoy, dirigentes de ese partido retoman la incapacidad y el chacumbelismo de 1986 y vuelven a atajar para que otro enlace y a afilar cuchillo para su garganta.
Aunque no haya quién ataje ni quién maneje el cuchillo.

