Uno de tantos al Panteón
A los héroes sin nombre, en Los humildes, del poeta Federico Bermúdez, de San Pedro de Macorís, consigna desde 1916 la desconocida heroicidad masiva del pueblo, que tiende a ser desconocida.
Aunque la gloria haya sido para los capitanes, la tropa del pueblo protagonizó cada una de las batallas y obtuvo cada una de las victorias en las guerras de la Separación, de la Restauración y en la resistencia armada ante el invasor norteamericano de 1916 a 1924 y de 1965 a 1966.
Dormidos a la sombra del árbol del olvido / quién sabe dónde el resto de vuestro ser está; / vosotros, los humildes, los del montón salidos, / sois parias, en la liza con sangre fecundáis / el árbol de la fama que da las verdes hojas / para adornar la frente de vuestro capitán
Bermúdez lo trata con versos que son hijos de una sensibilidad social poco común en los poetas de la época, centrados en el lirismo egocentrista y en un amor por las mujeres que era más ilusión que verdad.
En 1934, el poeta norteamericano Carl Sandburgh retomaría el tema de Bermúdez con The peole, yes (El pueblo, sí), en la misma línea de sensibilidad social que el dominicano y macorisano.
Y muchos años después, apropósito del lirismo egocentrista, Pablo Neruda desnudaría al verdadero amor en besos, lecho y pan y pasaría muy por alto los conceptos de belleza cosmética de la mujer para quedarse con la fuerza de ese ser humano que movía al amor, por una gracia de figura, es cierto, pero primero por un valor sensorial de humanidad.
A Cristóbal Pérez Siragusa, amante de la historia, se le ocurre que la única manera de llevar al pueblo al Panteón Nacional, donde debe estar porque es el máximo héroe, es con el símbolo de Uno de tantos, la estatua en la que Abelardo Rodríguez Urdaneta pareció encarnar el mensaje del poeta Bermúdez.
Muchos años después, en París y en Moscú, se rendiría el máximo homenaje a esos héroes con las tumbas de los soldados desconocidos, erigidos en las capitales de Francia y de la entonces Unión Soviética.
¿Cómo rendir ese homenaje al pueblo dominicano de siempre?, se pregunta Pérez Siragusa.
Y se responde con la fuerza de la razón: con Uno de tantos, la estatua de Urdaneta, en la presidencia de todas las tumbas que contienen a los grandes capitanes de la patria y a uno que desde el 18 de marzo de 1861 decidió no serlo más: Pedro Santana,.
Pero, primero, ¿dónde está la estatua? Estaba en el parquecito de la cuchilla que se forma con la marginal que desde la avenida Abraham Lincoln empalma al Noreste con la avenida José Contreras, pero fue removida por el Ayuntamiento, que decidió reconstruirlo y dedicarlo a otra cosa.
¿Dónde está Uno de tantos? ¿Lo sabe el Ayuntamiento o lo sabe el síndico Roberto Salcedo?
El lugar natural de esa estatua, que representa al pueblo heroico y sin nombre, es el Panteón Nacional, como sugiere Pérez Siragusa.
Pero ¿dónde está la estatua?

