Opinión

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El Panteón Nacional

Sólo después del “Landsoldaten” alemán de 1849 pero antes de que Inglaterra, Francia y la Unión Soviética tomaran la iniciativa, el escultor Abelardo Rodríguez Urdaneta esculpió con dramatismo el símbolo del soldado desconocido.

 “Uno de tantos” tiene fecha de 1903.

 Gran Bretaña lo hizo en 1920, lo mismo que París.

 El último de estos homenajes se rindió en 1966, en el Jardín de Alejandro, al pie del muro del Kremlim, en Moscú.

 Al Panteón de la Patria van esos dominicanos excepcionales por su dedicación devota y su servicio incondicional a la nacionalidad.

 Con la salvedad del general Pedro Santana a quien, como una burla a la dominicanidad en la que nunca creyó, Joaquín Balaguer hizo llevar a la tumba de los patriotas que reposan en el Panteón por la credencial de una consagración y un sacrificio sin límites que la sociedad les reconoce a través de la historia.

 Santana, quien tampoco creyó en la nacionalidad pese a su participación más que destacada en la guerra de la Separación de 1844, se quitó la máscara el 18 de marzo de 1861, cuando convirtió a la República libre, independiente y soberana en una provincia del reino de España.

 En otro pero con el mismo, perverso sentido, el neotrujilismo balaguerista desterró el original de la estatua de Rodríguez Urdaneta a un pequeño parque, en realidad un accidente urbanístico de interconexión de dos avenidas de la ciudad.

 Allí, por años, residencia de “palomos” y de buhoneros que se detenían a descansar y tomar algún refrigerio, “Uno de tantos” contempló la presencia de esos “infelices” que tomaban el lugar también como retrete, malcobijados de las miradas de automovilistas y peatones tras la estatua misma.

 Hasta que el Ayuntamiento que dirige Roberto Salcedo decidió remodelar y   reconstruir el parquecito y trasladó la estatua a uno de sus almacenes, quizá con el respeto y el cuidado que merece lo que en realidad es un monumento nacional.

 Así, y antes de que decidan colocar a “Uno de tantos” en alguna otra plaza, surge la sugerencia de que sea llevada a un lugar importante del Panteón Nacional ya que, en materia de héroes y de heroismo, ninguna persona individual supera al pueblo colectivo.

 Sugerencia que formuló el ciudadano Cristóbal Pérez Siragusa, miembro colaborador de la Academia de la Historia, a través de la columna cuyo autor la respalda sin condiciones.

 La escultura de Rodríguez Urdaneta no debe cumplir más tiempo en el olvido de un depósito del Ayuntamiento. Su lugar, desde que se esculpió en 1903, está en el mismo donde se rinda homenaje a los patriotas que han hecho a la patria. Y el pueblo es el principal de ellos, porque no es uno sino todos, no un héroe sino todos los héroes; la suma gloriosa del amor de la patria.

El Nacional

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