Las verdades y la historia
Las primeras son personales y subjetivas. La segunda, colectiva y objetiva. Las verdades son percepciones de los individuos. La historia es el fruto de una investigación científica.
Los diferentes testimonios acerca de un mismo hecho hablan acerca de la subjetividad de las verdades. Recopilar esos hechos y mediante análisis crítico formular una hipótesis habla de la investigación de la historia.
Por lo general, el contemporáneo es testimoniante de los acontecimientos de interés general o colectivo trascendentes o intrascendentes que le tocó vivir.
Los historiadores contemporáneos de la tiranía de Rafael Trujillo, por ejemplo, deben hacer y hacen un extraordinario esfuerzo académico y crítico para no permitir que el sesgo de su contemporaneidad dirija e incline sus investigaciones.
De todas maneras, son valiosos los testimonios pero no tendrán el valor de lo histórico porque carecerán del análisis crítico que los confronte con testimonios contradictorios y que permita entresacar de unos y de otros el trigo de la cizaña.
Quienes fueron víctimas materiales de la tiranía o lo fueron familiares cercanos o lejanos formulan sus testimonios a orillas de la ceguera del dolor por sí o por la pérdida o vicisitudes de hijos, padres, esposos, hermanos, primos y otros relacionados.
Sus testimonios, no obstante, serán válidos. Mucho más de los que pudieran ofrecer los victimarios.
Ni uno de esos victimarios, militares y civiles al servicio incondicional de la tiranía ha tenido hasta ahora el valor de aceptarlo y de tratar siquiera de explicar sus crímenes.
No lo hizo Rafael Leonidas (Ramfis), el hijo mayor del tirano y responsable directo de aberraciones criminales sobre todo entre el 30 de Mayo del ajusticiamiento y el 19 de noviembre de 1961 de su fuga del país.
Ni lo hicieron Héctor Bienvenido (Negro), José Arismendy (Petán), hermanos del tirano, ni servidores como los coroneles y generales Gilberto (Pirulo) Sánchez Rubirosa, Fernando (Tunti) Sánchez, Luis José (Pechito) León Estévez, Octavio (Tavito) Balcácer, Cándito (Candito) Torres Tejada, Clodoveo Ortiz, ———– (Cholo) Villeta, Américo Dante Minervino Matías y varias docenas de torturadores criminales destacados entre 1930 y 1961.
Víctor Alicinio Peña Rivera, jefe del Servicio de Inteligencia Militar y encargado del asesinato de las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal en noviembre de 1960 ha escrito varios libros con la intención de decir sus verdades y tratar de retorcer la historia para explicar a la tiranía y explicar su conducta aberrada y aberrante.
Lo mismo que John (Johnny) Abbes García, jefe del SIM, en unas estrafalarias memorias de publicación póstuma.
Pero no son confesiones sino manipulaciones cuyo valor radicaría en hallárseles el talento para acomodar, falsear y encubrir la realidad de hechos que buscan distorsionar.

