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Los lodos de aquel polvo

Al periodista Luis Eduardo Lora le llama a la atención el hecho de que se vuelvan populares, entre los escuchas que son mujeres, bachatas cuyas letras denigran la condición femenina.

 (Y como la mujer es la mitad de la población y la madre de la otra mitad, se denigra a la condición humana y no sólo al género).

 ¿Cómo puede ser?, pregunta el periodista.

 Porque es cierto. Buena parte de las letras de las bachatas presenta una realidad y una imagen de la mujer que se entendía superadas por el proceso desde el ajusticiamiento del tirano Rafael Trujillo en 1961. ¿Por qué esa vuelta atrás? ¿Por qué ese retroceso en una sociedad que se supone en proceso de desarrollo y civilización? ¿Dónde está la causa que, a pesar de la libertad y de la liberación socioeconómicas, determina esta involución?

 “Demagogia con la pobreza”. Predicar que todos tienen derecho a todo y a no estar obligados a cumplir con deber o requisito alguno, coloca al dominicano en situación de intentar cualquier obra, sin importar cuán capacitado o incapacitado esté para acometerla.

 Una instrucción y educación deficientes han sido el mejor caldo de cultivo para que la asimilación por todos de esa “demagogia con la pobreza” se reproduzca en una mentalidad y en una conducta que no respeta capacidades y especialidades y que se entiende facultada para “lo que sea”.

 La bachata, pues, en casi todos los casos –la excepción explica la regla- es el ejercicio del derecho de escribir una canción, ponerle música y cantarla que asiste a todo dominicano nacido, sin importar su instrucción ni educación y sin importar siquiera la vocación que determinaría el quehacer. Incluídos “gagos”, “mediaslengua” y  ”fañosos”.

 La venta de discos, antes, y la de “cidís” ahora, producen dinero o mucho dinero y la “demagogia con la pobreza” ha logrado que muchos dominicanos, para acceder a cierto bienestar, brinquen condiciones de formación y de talento que antes fueron imprescindibles y que, en los países racionales, desarrollados y civilizados, lo son todavía, y se convierta en “artista”.

 De ahí la antología de oligofrenia que se comprueba al juntar y analizar el noventa y cinco y pico porciento de cuantas bachatas se escucha en la radio y en los aparatos de música de los hogares de las clases populares y “clase media pobre”. Simiente que garantiza hacia el futuro el mismo caldo de cultivo para la proyección de la oligofrenía y la cualquierización que ha significado en el pasado inmediato y que ofrece hoy sus lamentables resultados.

 Así, y en la misma medida en que el pueblo ha sido permeado en su mentalidad por el absurdo de una clase dominante racista, antinegra y antiahaitiana, que lo lleva a convertirse en el principal enemigo de sí mismo, la “demagogia con la pobreza” hace desaparecer de esa mentalidad el respeto a la necesidad de una formación y de un talento específicos como requisito indispensable para dedicarse a lo que sea que elija como forma de ganarse la vida.

El Nacional

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