Opinión

AL DÍA

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 Documentos desclasificados del departamento de Estado norteamericano, alguno publicado en libros de Bernardo Vega, establecen con claridad relaciones entre Joaquín Balaguer y Rafael L. Trujillo Martínez, Ramfis.

 Ramfis mismo o intermediarios y Balaguer mismo o intermediarios acordaron la participacipón financiera del hijo del tirano ajusticiado el 30 de Mayo de 1961 en la campaña que los norteamericanos le organizaron al primero en 1965 y que le permitió regresar al poder al año siguiente.

 El hijo de Trujillo quería condiciones en el país para su regreso y se las garantizaba la presidencia de Balaguer, servidor incondicional del tirano hasta después del 30 de Mayo de 1961.

 Ahora, bien.

 Balaguer sabía mejor que nadie que Ramfis no regresaría para ocupar una posición en la vida civil. Quería el poder y el caudillo de Navarrete estaba dispuesto a favorecerlo a distancia y aún, como lo hizo, a utilizar a otros servidores de Trujillo en su administración pero no a arriesgar siquiera un segundo de poder.

 El caudillo, neotrujillista, un déspota ilustrado en su versión más moderna, había esperado por 31 años la oportunidad de llegar a la Presidencia sin la sombra de Trujillo encima y empezó a lograrlo después del 30 de Mayo de 1961.

 Washington lo sacó del país a principios del año siguiente para dar oportunidad al establecimiento de una democracia tipo norteamericano pero la mentalidad trujillista estaba posesionada de la clase dominante y de los políticos, aún exiliados, y el anticomunismo de Trujillo frustó a los siete meses el experimento que encabezó Juan Boach con el Partido Revolucionario desde febrero de 1963.

 Balaguer, exiliado en Nueva York, no participó en el golpe del 25 de setiembre ni en las elecciones democráticas del 20 de diciembre del anterior 1962 pero entendió que los resultados del derrocamiento de Bosch lo favorecerían. Como en efecto.

 Acusado de comunista por la misión militar norteamericana en Santo Domingo, la clase dominante y sus políticos y los generales de las Fuerzas Armadas y la Policía, Bosch y el PRD cargarían con el san-benito mientras el Triunvirato que se estableció con el golpe de Estado fue arropado por la corrupción civil y militar que al final dio con su derrocamiento el 24 de Abril de 1965.

 La segunda invasión militar norteamericana del 28 determinó que la revolución constitucionalista levantara banderas patrióticas de defensa de la soberanía, y la misión militar y civil de Washington, la clase dominante y sus políticos y los jefes militares se aferraron al calificativo de comunistas para los revolucionarios de Abril que buscaban la reposición de Bosch.

El Nacional

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