El Movimiento Popular sobrevivió al asesinato de Maximilano (El Moreno) Gómez en Bruselas, Bélgica. La mística del dirigente permitió que creciera al límite de participar como segunda fuerza en el Acuerdo de Santiago, un movimiento electoral de 1974 encabezado por el Partido Revolucionario del que ya había renunciado Juan Bosch el año anterior.
Los dirigentes del partido, en las tareas proselitistas que semiabandonaban la clandestinidad, junto a la gente del PRD, recibieron la sorpresa de su vida cuando en las capitales provinciales y en zonas urbanas comprobaron la simpatía popular y el hecho de que sobre las diversas siembras se despegaran grandes y pequeñas banderas rojinegras.
El gobierno neotrujillista de Joaquín Balaguer arreció la persecución contra los opositores, fueran o no comunistas, y no lo era la inmensa mayoría, y el PRD optó por la abstención en las elecciones.
El déspota ilustrado, para dar apariencia democrática a los comicios, tuvo que improvisar como candidato a un exmilitar trujillista, Luis Homero Lajara Burgos, quien obtuvo 50 mil votos de la misma manera fraudulenta con que Balaguer participaba y ganaba las elecciones desde 1966.
Para ese tiempo, el MPD había quedado en las manos de Rafael (Fafa) Taveras, Cucullo Báez, Miguel Ángel Muñiz, Agustín Moisés Blanco Genao y Jorge (El Men) Puello Soriano, entre otros altos y medianos dirigentes.
(En el apresamiento del grupo de seis dirigentes en 1970 hubo la delación de un simpatizante emepedeísta de Santiago, pequeño comerciante dedicado a la mecánica de automóviles y contra quien no se tomó represalias.
(Pero ese simpatizante tenía vinculación con los servicios de inteligencia policiales y militares del gobierno de Balaguer, no con la Agencia Central de Información (CIA) norteamericana, según cuanto se sabe aunque no se ha publicado acerca del caso).
Desde todos los puntos de la investigación y el análisis políticos, resulta comprensible, por natural, que el espionaje norteamericano se concentraran en los movimientos que no compartían con el sistema capitalista.
Los partidos liberales estaban integrados por una casi completa mayoría de dirigentes que comulgaban con el capitalismo norteamericano y para quienes eran asunto de vital importancia sus relaciones con los funcionarios de la embajada de Estados Unidos y con los liberales de Washington.
Ni siquiera por la radicalización antinorteamericana del Partido Revolucionario después de la revolución constitucionalista y guerra patria de abril de 1965 la CIA debe haber manifestado el menor interés en mantenerlo bajo vigilancia.
Se sabía que el PRD estaba disgustado por una invasión que le frustró su retorno a la constitucionalidad sin elecciones pero que más tarde o más temprano, en 1978, por ejemplo, la organización y sus dirigentes volverían al redil.

