JUAN JOSÉ AYUSO
Una nueva clase
Hasta hace algo más de veinticinco años, los integrantes de la clase dominante socioeconómica y política no estaban al alcance de las autoridades del Estado, en caso de la comisión de delitos y crímenes.
A su poder como tales, los políticos hacen con la corrupción una fortuna que de alguna manera y por el añadido de ese poder al que ya tienen les da ese privilegio de la clase dominante.
En 48 años y prevalidos también de pertenecer a una logia parasociedad donde tampoco manda la autoridad civil de la justicia ni de ningún otro tipo, los militares u policías decidieron acelerar su proceso de enriquecimiento.
Y cada vez más entraron al mundo del delito y del crimen, cuyos beneficios aumentan los que reciben por diferentes negocios a los que se dedican, a más del porcentaje por manejo de sus presupuestos. (Se dice que el 30).
No hay un general, un coronel, un mayor, un capitán, un teniente, un sargento, un cabo o un raso, militar o policía, que pudiera justificar el nivel de vida que mantiene en los diferentes estratos socioeconómicos en que se mueve.
Hoy en día, el dinero a raudales lo aporta el narcotráfico y no es extraño que a esa actividad esté dedicada una cantidad de militares y de policías de lo que ya hay muestras diarias en las informaciones de los periódicos.
Lo demasiado, hasta dios lo ve, dice un refrán, y ya no es posible que por el temor natural a los militares y policías y por las relaciones de oficiales superiores con sectores de la prensa sus nombres sean eliminados o disimulados en las crónicas de operaciones que informa n de la detección de narcotráfico.
Hace años y no muchos, la primera pista la ofreció un capitán del Ejército, Quirino Paulino, detenido cuando la Dirección de Control de Drogas le dio seguimiento a un cargamento al que un general no dejó llegar a su destino.
El cargamento fue detenido en Los Alcarrizos pero lo fue también el capitán Paulino, además del coronel policial que escoltaba cargamento de miles de libras de cocaína que se transportaba en un camión desde el Sur.
Ese oficial del Ejército se había enganchado como raso, condición que perdió, pero pronto y a través de la relación con políticos consiguió el reenganche y no sólo eso, sino ascensos hasta el rango que ostentaba.
Se sabe que Paulino había sido chofer de una ambulancia.
Al momento de su apresamiento era una persona con una fortuna mítica. Su finca de San Juan de la Maguana era un modelo agrícola y pecuario. Y había devenido poderoso canjeador de dólares.
En estos días, un cabo de la Autoridad Metropolitana de Transporte fue detenido junto a un vehículo en el que transportaba una cantidad de drogas. El vehículo era suyo y lo destinaba a esa tarea.
Cuando se le detuvo, apareció su historial. Poco antes había sido separado de la Amet por vínculos comprobados con el narcotráfico pero logró volver a la institución, ascender a cabo y comprar la camioneta de su negocio.

