Enfermedad terminal
Por las líneas esenciales de la cultura trujillista en las Fuerzas Armadas y la Policía, se mantuvo distancia y diferencia entre ellas y la clase civil. El abuso y la arbitrariedad de esa autoridad es una característica de la conducta de militares y policías en su relación con los ciudadanos. (La guardia lee comoquiera).
En los negocios menores a los que se dedicó el militar y el policía hasta hace unos veintincinco años, como manera de buscársela para ayudar un ingreso que no era suficiente, la condición de autoridad y el abuso y la arbitrariedad no dejaron de constituir la característica de su mentalidad y acción.
Esos negocios menores podían ser pequeños colmados y tiendas de fantasía, alquiler de viviendas precarias construidas en terrenos del Estado, préstamos usurarios, salones de bellezas para esposas y queridas y la variopinta naturaleza de la actividad del sector informal.
La intocabilidad y la impunidad de los militares les valió para lucrarse en mayor o menor medida con esos negocios o con negocios mayores, y esa realidad parece haberse convertido en la razón para que muchos de ellos decidieran emprender el negocio de las drogas. En la venta de protección, como subalternos de grandes, medianos y pequeños traficantes o como traficantes independizados ellos mismos.
La cantidad de dinero que envuelve el narcotráfico no tiene parangón con los niveles de utilidades de negocio alguno del capitalismo. La catarata de pesos y dólares de la actividad quizá sea la medida de la ambición de altos y medios oficiales militares y policiales, y del resto de alistados.
Lo que no quita que algún general o coronel o mayor, mientras llega el negocio grande, participe de manera directa y con subalternos en asaltos como el de fines de febrero en Parmalat, del que todavía no ha aparecido el monto de dinero sustraído por un mayor y sus hombres.
Mala suerte. Ese mayor fue herido durante el asalto y llevado a un hospital público, donde esa misma noche lo trasladó un general de la Fuerza Aérea hacia el hospital de la base, aunque la acción le costara perder el puesto.
La conducta del general y la del mayor son el último ejemplo del tráfico interno de protección que crea en las FFAA y la PN el oficio de delincuente y criminal de baja, mediana o alta escala.
Del caso de Paya, en el que participaron oficiales, clases y rasos de la Marina de Guerra, hay una investigación en marcha y varios detenidos pero nada se sabe del dinero y de la droga que envolvió la operación de represalia y tumbe.
En la acción hubo siete muertos, asesinados tras ser secuestrados de una casa en Baní que les servía de bunker, tras despojárseles de una gran cantidad de dinero y de otra de narcóticos, que todavía no aparecen.
(Esto no es nuevo. Hace unos años, cuando la policía capturaba a los autores de un robo grande, la suma sustraída nunca correspondía con la suma recuperada por los oficiales y rasos que participaban en el operativo).
Y así, sucesivamente

