Opinión

Al día

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JUAN JOSÉ AYUSO
Joaquín Balaguer tampoco hacía caso de las múltiples denuncias que se hacían públicas en sus gobiernos de doce y diez años, 1966-1978 y 1986-1996.

 A cinco meses de nuevo gobierno, se tiene las declaraciones escalofriantes de Sergio Beltré, director de la Oficina Técnica de Transporte Terrestre, OTTT, acerca de las irregularidades comprobadas en su departamento.

 Una cantidad considerable de familiares y amigos que está en la nómina, otros “compañeros” que cobran mediante una “nominilla”, el compadrazgo que nombró a un subdirector que no va y etcétera.

 Mientras,  Beltré lo explica todo “por amor”. Por amor a familiares y a su compadre.

 Esa denuncia está respaldada por una investigación de la periodista Nuria Piera, quien la presentó como reportaje en su programa de televisión.

 Y otra periodista, destapa en “El Informe”, su programa de televisión, irregularidades en la secretaría de Obras Públicas que van de la concesión de una docena de contratos “de grado a grado”  a la nueva declaración de bienes del Secretario. (En la de 2004, Víctor Díaz Rúa declaró por valor de 100 millones de pesos. Cuatro años más tarde, sin que se le conozca otro ingreso que el de secretario de Obras Públicas, multiplica esa suma para llevarla a los 500 millones).

 Esos dos casos arrastran una larga cola que no es vieja sino reciente y que se alimenta con los casos de Paya, Parmalat, un cabo de Amet detenido con un cargamento de narcóticos y otros dos miembros de las Fuerzas Armadas interceptados con otro cargamento de las mismas sustancias.

 Y las denuncias de que los diversos organismos militares y la Policía tienen a muchos de sus miembros –de general a raso- implicados en negocios de narcotráfico, amén de otras actividades tampoco lícitas que por frecuentes y conocidas se habían hecho habituales o “institucionales”.

 (La destitución de unos cuantos generales de las FFAA y de la Policía –mansos y cimarrones entre los que hay cimarronaje entre los primeros y cronicidad entre los segundos- es apenas un caramelo con el que la gente de conciencia no se va a conformar).

 Cuando se abre los diarios en la mañana y la tarde o se escucha los programas noticiosos  y de comentarios matutinos y vespertinos las personas esperan ya enterarse del último escándalo.

 Tanto es así que algunos periodistas hablan de que la sociedad ha perdido ya su “capacidad de asombro”. 

 Y a todo esto y como dejó enseñado el “maestro” Balaguer, el presidente Fernández no dice “ni esta boca es mía”.

 Y mientras, la publicidad oficial de miles y miles de millones de pesos y con objetivos diversionistas específicos entretiene a la gente con el cuento de hadas de un país donde no pasa nada de eso y donde se vive tan bien como nunca antes en la historia.

 Balaguer tampoco hacía caso de las denuncias diarias de corrupción. Buscó y logró en parte que la gente tampoco les hiciera caso y se ocupara sólo de lo suyo.

El Nacional

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