Opinión

AL DÍA

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En 1967, el fiscal general de New Orleans, Earling Carothers (“Jim”) Garrison ató unos cabos de la investigación del asesinato de John F. Kennedy en 1963, unió pistas de una suya y decidió abrir el caso y llevar a la justicia por lo menos a un acusado de participar en la conspiración.

 La prensa y noticiarios y comentaristas de radio y de televisión se ocuparon en lo adelante y por los meses siguientes de descalificar a Garrison pero el Fiscal General no hizo caso. Entonces y ahora, sólo un 13 y un 15 porciento de los norteamericanos cree que el “Informe Warren” no es una fabulación para encubrir el crimen.

 Garrison llevó al tribunal a Clay Shaw (alias Clay Bertand), “empresario retirado” de buenas relaciones con exiliados cubanos y elementos de la mafia como el “capo” Santo Trafficante, en el negocio del juego y las drogas en Cuba hasta el triunfo la revolución de Fidel Castro en enero de 1959.

 El jurado dejó pasar a Shaw quizá porque el fiscal general Garrison no logró la fuerza para presentar a todos los testigos que hubiese querido. Además, la enorme cantidad de papeles de la investigación de 1963 estaba ya “clasificada” y lejos del alcance de cualquier mortal por decisión del poder norteamericano, no importa quién fuera Presidente.

 Dentro de esa óptica, con la tesis de la conspiración cuyo principio fue el asesinato de John F. Kennedy,  la filmación de Abraham Zapruder y nuevas investigaciones que establecían por lo menos tres disparos contra el cuerpo del Presidente, el cineasta Oliver Stone decidió poner manos a la obra.

 En 1991 se estrenó “JFK”, un filme en el que  su director sustenta la tesis de la conspiración, reproduce el film de Zapruder, deja clara la intención de encubrimiento del asesinato de Kennedy, del de Lee Harvey Oswald, de la muerte por “ataque al corazón” de Jack Rubinstein (Ruby), del “Informe Warren” y de los asesinatos de Martin Luther King y Robert F. Kennedy.

 Poco después de 1991 se ordenó “desclasificar” parte de los documentos de la investigación del asesinato de Kennedy pero, con las tachaduras de estilo en las “desclasificaciones”, allí no había nada que no estuviese en el informe de la comisión que encabezó el juez Earl R. Warren.

 Pero a 47 años del asesinato del presidente demócrata no hay conclusión oficial y, aunque las encuestas califican todavía como fábula y encubrimiento al “Informe Warren”, el pueblo norteamericano no cuenta con un documento inequívoco acerca de la conspiración que inició el 22 de noviembre de 1963 con el asesinato de Kennedy y terminó en 1968 con los asesinatos de King y Robert Kennedy.

 El asesinato de JFK sigue como novela y como misterio, aunque lo escribiera la realidad vivida de entonces hasta el hoy.

El Nacional

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