Opinión

Al día

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“…el opio de los pueblos”
El narcótico saca a las personas de la realidad y las lleva a morir una utopía. Se dice que es casi imposible abandonar el uso de estupefacientes. El opio de entonces, con cuyo efecto se comparó,  es superado por otras de más alienante efecto -heroína, cocaína, morfina, “crack”, mariguana.

(El término “crack” se traduce como rompimiento. ¿Con qué se rompe? Con la realidad de problemas, con el deber de responsabilizarse por la vida personal y familiar).

La frase del título no se refirió a la católica sino a la religión en sentido general. A todas, porque todas son la concha dentro de la cual los seres humanos se esconden del asedio de la realidad y encuentran el bastón mítico para ayudarse a caminar sin mayores tropiezos por “este valle de lágrimas”.

Por estos días, la Iglesia Católica, el Papa Benedicto XVI y los cardenales y obispos de los países donde esa fe manda o comparte el poder, defendieron una de las posiciones que los confirman como ente retrógrado, de retroceso científico, del oscurantismo que por “fe” niega verdades científicas y realidades evidentes.

La iglesia de Roma no acepta el control de la natalidad, el uso de preservativos para evitar embarazos accidentales y no deseados y el aborto, incluído el aborto terapéutico que garantizaría a una mujer de cualquier edad el derecho de no cargar con el hijo de una violación y con un ser inhumano.

En la nueva Constitución que discute la Asamblea Revisora hay un acápite mediante el cual se legalizaría ese aborto terapéutico, no el aborto general -conquista de la humanidad dominicana- sino el que es diagnosticado y determinado por un caso de violación o por otro de grave peligro para la mujer y el embrión. 

La jerarquía de la Iglesia Católica, a través de otros tantos postulantes, utilizó hace poco el “sermón de las siete palabras” para formular sin asidero científico una condena “a priori” contra la posibilidad de que se legalice el aborto terapéutico.

Ningún dominicano de conciencia abrigó la esperanza de que senadores y diputados en función de constituyentes asumieran una posición contraria a la que fijó e hizo pública la Iglesia Católica en esas “siete palabras” que son más que “setenta veces siete”.

El cardenal y los obispos son en este país el poder detrás del poder. La legalización del aborto terapéutico no “pasó”, en casos de violación y de diagnóstico médico, y las niñas, adolescentes y adultas que resulten con un embarazo anormal o de un estupro tendrán que gestar, parir y criar a esas hijas e hijos del crimen o hijas e hijos de la aberración fisiológica.

Con lo que el cardenal y los obispos de la iglesia católica quedarán satisfechos pero no así el mínimo sentido de humanidad en la conciencia de la mucha gente que la tiene. Ni el cincuenta porciento de mujeres de la población.  

El Nacional

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