Opinión

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¿Perdón por la pobreza?
El régimen nazi de Adolfo Hitler en Alemania fue un episodio de horror que vivió el mundo entre 1930 y mediados de los cuarenta, que costó entre otras las vidas de seis millones de judíos incinerados en el Holocausto y que contó con el apoyo de la Iglesia Católica y su Papa Pío XII.

 Benedicto XVI, el Papa de hoy, de las juventudes hitlerianas y cómplice ideológico y material de la catástrofe del nazismo en Alemania y toda Europa,  es de los “sumos pontífices” que han pedido perdón.

 ¿Pero en cuál medida es responsable la Iglesia Católica de la pobreza en el mundo, de la pobreza hija de la injusticia en la distribución de la riqueza?

 Con la excepción de dos o tres curas contestatarios que terminan casi todos por ahorcar los hábitos frente al silencio forzoso que se les impone y al exilio en las parroquias apartadas de un destierro sin fin, la Iglesia Católica y su jerarquía de cardenales y obispos es de las aliadas principales de las clases dominantes.

 El otro aliado son los ejércitos, que se ocupan de la represión física, lo que deja la persecución y condena espiritual a los curas de todo rango. ¿Cuál de esos brazos armados causa peor daño a los pueblos? ¿Los macanazos, cárceles, torturas y muerte de los militares o la castración sicológica de una religión que predica la pobreza y el sometimiento a la injusticia como vía directa para llegar al cielo?

 El “santo padre” de Roma y los jerarcas católicos condenan como “pecados” los métodos anticonceptivos y el aborto, aún el terapéutico, a pesar de que los compleaños de las personas de todo el mundo se cuentan a partir de su nacimiento.

 Ni siquiera en el Vaticano celebra la gente los nueve meses de gestación en el vientre de la madre. El mismo Papa y los cardenales y los obispos tienen la edad que cuentan desde que nacieron.

 ¿Cuál es la “vida” que se lleva un aborto? ¿La de un ser cuyo nacimiento pondrá en peligro o eliminará la vida de su madre? ¿El producto de una violación? ¿La consecuencia inesperada de un momento de placer adolescente o juvenil? ¿Un ser al que la ciencia, durante el embarazo, está en capacidad de comprobarle fallas como la del Síndrome de Dawn u otra anormalidad que lo forzará a nacer como vegetal, carga y condena para sus padres,  familiares y amigos solidarios?

 El control de la natalidad y el aborto legal son prácticas que evitan el crecimiento poblacional sin planeamiento que aumenta la pobreza y, lógico, la necesidad de que la gente se resigne, la integración de familias disfuncionales, la urgencia, si es el caso, de una escuela especializada que sólo la gente de recursos puede pagar.

 Ni “cada niño nace con su pan bajo el brazo” ni “dios proveerᔠni ningún otro del narctólico oscurantista mediante el cual y por siglos se han mantenido crecientes  poder y riqueza de ricos y de la Iglesia Católica y la pobreza de los “dejados de la manos de dios”.

El Nacional

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