Opinión

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La novena del novelista
Uno.- Es la novena novela de Manuel Salvador Gautier a contar de 1993 cuando publicó la primera, una tetralogía, “Tiempo para héroes”,  compuesta por “El atrevimiento”, “Pormenores del exilio”,  “La convergencia” y “Monte adentro”, recreación de la saga del 14 de Junio de 1959.

 A ese conjunto han seguido “Toda la vida”, “Serenata”, “Balance de tres” y “El asesino de las lluvias”. Y ahora, esta novena, “Un árbol para esconder mariposas”, 139 páginas, Editorial Santuario, Editora Mediabyte.

Durante muchos años, Gautier se dedicó a su profesión de arquitecto, a leer ficción de manera incansable y a acumular experiencia y otros recursos para dedicarse “un día” a la literatura.

No tuvo primeras obras de juventud para andar ahora a su caza con propósitos incendiarios. Tuvo que esperar a ser un hombre maduro para dedicarse de manera profesional y misional al oficio de novelista y de ahí el perfil bien definido de su ideología y trabajo en función de tal.

Una que otra novelas de dominicano resaltan por un mérito o el otro pero ninguna representa el producto del trabajo sistemático y permanente de un profesional del oficio, salvo el caso de las nueve de Gautier. A lo mejor no es el mejor pero, profesional, y bueno, es el único.

“Un árbol para esconder…” trae en la superficie la integración de una pareja interracial y los conflictos que ello genera para la negra o el negro y la blanca o el blanco que la deciden como camino “hasta que la muerte los separe”.

Debajo de la superficie hay el planteamiento de los conflictos sociales de las clases, de las idiosincrasias y de la conversión cultural de las cosas por el ser humano en objeto ritual y/o  en religión.

Sebastián es un negro de un campo de San Juan de la Maguana, señalado por los misterios para el ministerio de “hungán” y quien, al huir de la matanza en Palma Sola de los fieles de Olivorio Mateo, va a dar con su hermano Lucas a Nueva York.

Ilegales legalizados más tarde, los hermanos dejan atrás a la madre y a otros familiares pero ya casado con Liliana, de clase media alta o alta y blanca, Tián volverá por unos días a su pueblo y a su madre, Mamá Yoyó.

(Para volver a verla, a su vez, Lucas deberá esperar a que de alguna manera la madre llegue a “Nueba Yol” dentro del prodigio de siempre que se busca “visa para un  sueño”).

También Liliana aporta parte de su drama familiar: gente acomodada que al ajusticiamiento del tirano Rafael Trujillo decidió buscar nuevos horizontes en Miami, desde donde la muchacha salta a Nueva York para estudiar arte. 

Pero el nudo de la novela se ata y desata con el matrimonio de Liliana y Tián, del que nacerá un par de niñas a las que se da como nombre un remedo del origen religioso-mágico del hombre, Anaisa y Erzilé (Ana Isabel y Ercilia), de la corte de los misterios Belié Belcán, Tinyó Alahué, Damballa Wedo .     

El Nacional

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