Opinión

AL DÍA

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A “unanimidad”, Gilberto Serulle fue expulsado “deshonrosamente” del Partido de la Liberación.  El precandidato a alcalde por Santiago no creyó en la cantidad de encuestas que fabricó la cúpula de su partido para “demostrar” que los electores preferían al discutido y discutible neotrujillista-peledeista José Enrique Sued.

 Y decidió echar el pleito como candidato independiente respaldado por una coalición de diez pequeños y del Partido Revolucionario.

 Serulle ganó la alcaldía en las elecciones del 16 y su victoria sirve como ejemplo en varios órdenes.

 En primer lugar, para que los precandidatos que se saben con posibilidades no tengan que aceptar las decisiones en contrario de las cúpulas de sus partidos.

 Y en segundo, para que no lo toleren como corderos con vocación de matadero si, en su condición de miembros y dirigentes partidarios y de seres humanos acreedores de respeto a su dignidad y a su honor, se sienten atropellados por cúpulas y caudillos.

 Después de las elecciones y del triunfo de Serulle, algunos perredeístas y muchos opositores se preguntan qué habría sido de y dónde estuviera Danilo Medina si hubiese reaccionado con la dignidad y valentía de Serulle al aplastamiento por los recursos del Estado a que fue y es sometido por el poder de Leonel Fernández.

 La política de Medina pareció ser la de recular, como el ovejo, para embestir con más fuerza pero reculó y reculó y ya no le quedó espacio para retroceder ni para atacar. No andan lejos de una correcta apreciación quienes consideran que el dirigente del PLD y figura decorativa en su cúpula es un “cadáver político”.

 Hoy en día, se habla hasta de una segunda repostulación del presidente Fernández, mientras se “balotean” otros nombres, y no de la repostulación de Medina, derrotado en las elecciones de 2000.  Y vuelta al tema, lo que se aprecia es que Serulle le ganó, primero, al PLD y a su caudillo y, después, al desacreditado candidato Sued.

 Y que conserva su dignidad y su honor como ejemplo para los “políticos” de su partido –“harem” de genuflexos ante las decisiones omnímodas e indiscutibles del caudillo-, y para los políticos del PRD, cuya vocación fratricida es conocida por su trayectoria histórica pero que alienta desde sus orígenes la voluntad y mano fuertes de un mandamás.

 (Como “respuesta” a la apreciación de esta realidad, algunos voceros del caudillo peledeísta tratan de sembrar en la opinión pública la duda de si toda la actitud de Serulle no se trató de una “jugada maestra” de Fernández en combinación con aquél.

 (Lo que es perverso.

 (Y lo que no creen ni los más ingenuos fervorosos del presidente Fernández).

El Nacional

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