Opinión

Al día

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Desde hace algunas semanas circulan el álbum “Aves de mi país” y, en paquetitos de siete que cuestan veiticinco pesos, sus postalitas autoadhesivas.

 Esta valiosa y bastante completa colección ya es importante para la instrucción, educación y formación de “la gente menuda”. Las descripciones en los espacios cuadrangulares  para las imágenes ofrecen una explicación escolar del ave de que se trate.

 Las postalitas con las gráficas permitirán identificarlas –género y especie- y completar así la lección que inicia el texto en el cuadrito inferior o pie informativo, varios en cada página de las 24 del álbum.

 Las postalitas son 144 y la colección en el álbum fue elaborada por Álbumes Educativos del Mundo. No tiene pie de imprenta ni numeración en sus páginas, que en total son 28, incluidas portada, contraportada y portada y contraportada posteriores.

 Está impreso a todo color en papel satinado aunque varias de sus páginas tienen el mismo papel pero de mayor peso.

 En el orden personal, el álbum me permitirá clasificar y nombrar a varias colonias de aves que visitan los alrededores de mi vecindario y la casa donde habito.

 He visto palomas, periquitos, zumbadores pequeños y menos, ciguas cuatro-ojos y de tres o cuatro géneros más, carpinteros y rolas, y en los últimos días, las que creo gallaretas, aunque un amigo me dice que éstas son aves de agua.

 (La “voz” de la gallareta permitió que la gente, a quienes hablan mucho y en voz alta y chillona, los llame “gallaretas”). 

Entre todas, no identifico a otra, esbelta, de tamaño mediano, con el reverso de su cola blanco.

 (Al consultar el álbum, ya averigüé que existen dos géneros de gallaretas, una de las cuales es la que visita mi vecindario.

 (Las he identificado por su “voz” y he agregado un detalle al conocimiento de esta ave, y es el de que es carnívora. Pocas de las que se asoman a los vidrios tintados de las ventanas de la casa no llevan en el pico a la lagartija que acaban de cazar.

 (Supongo que ese producto lo transportan a sus nidos, para comerlos y darlos a sus pichones).

 Las colonias de aves de mi vecindario aumentaron y se incrementaron a raíz de que en la esquina de la avenida Bolívar y el “Callejón de Buche” se levantó el gigantesco templo de los mormones, en sustitución de un amplio “chalet” que ocupaba el enorme solar de esa esquina.

 La construcción sustituida tenía la apariencia arquitectónica de lo que se construyó en la capital en los años cincuenta, propiedades todas de familias ricas de Santo Domingo, en Gascue y sus alrededores al oeste y noroeste.

 Y así queda sentado que el álbum “Aves de mi país” me servirá tanto para identificar a los “pajaritos” del vecindario como para conocer sus nombres técnicos y su apariencia física pero, más importante, a los niños y adolescentes del país.

El Nacional

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