Temprano en la mañana del 17 de mayo se vio a Pelegrín Castillo llegar a la Junta Central Electoral. Con las armas habituales de su klan, llegó a resolver.
Entre manos el resultado de las urnas de su demarcación recuérdese que los partidos y entelequias reciben de manera directa los scanners de las mesas-, al hijo mayor de Marino Vinicio Castillo los números no le daban.
Había reducido de manera notable la cantidad de votos obtenida en 2006, cuando fue quizá el más votado, y perdía la posición de diputado.
Si Pelegrín hubiese estado en disposición de utilizar los recursos que la decencia de la ley pone en sus manos para reclamar irregularidades, habría esperado un poco más.
O habría recurrido favorito de su klan- a un escándalo en los medios de comunicación que, afines o desafines, siempre les hacen caso a su papá, a él y a sus otros hermanitos.
Los rumores corrieron recuérdese que otros partidos y entelequias manejan los resultados de la suma de las actas- y se dio casi por sentado que Pelegrín perdió.
Días después, en los boletines de la Junta Central Electoral aparecieron nuevos votos para el nacionalista mientras se reducía la cantidad que debía sumarse a la candidatura de Alejandro Montás.
Montás apenas pudo tomar aliento para decir esta boca es mía cuando la decisión del comité político del Partido de la Liberación le cortó la palabra. A él y a los demás candidatos que se quejaban de reducción de votos y de otras irregularidades.
Frente a una situación que la oposición del Partido Revolucionario utilizaría para tratar de hacer un escándalo como en efecto-, el caudillo del PLD y esa comisión entendieron que los candidatos peledeístas, ganadores y perdedores, no podían sumar las suyas a esas voces disidentes y desestabilizadoras.
Y Montás fue enviado a su casa a conformarse con los puestos que todos sus hermanos, primos y demás familiares disfrutan en las nóminas principales del gobierno del Estado.
Y Pelegrín a quien no sin razón algunos de sus adversarios llaman Peligrín-, resolvió su problema y empezó a confirmarse en los boletines de la JCE como diputado reelecto.
Y en primer lugar, antes que Minou Tavárez y Miriam Cabral, candidatas que según esos boletines habían obtenido muchos más votos que él, lo mismo que Montás.
Las diligencias de Castillo en la JCE fueron tan efectivas que hasta ese caso se dio. En vez de colocársele en el tercer puesto de su demarcación, como es hijo de quien es y él mismo es quien es, aparece en primer lugar.

