Opinión

AL DÍA

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El viernes 7, en su apartamento del centro de la ciudad, Luis José León Estévez se disparó en la cabeza. De acuerdo con la fe religiosa que decía profesar, no le corresponderían honras fúnebres. Se ha dicho que era diácono en una iglesia católica de Arroyo Hondo.

 Como vivía solo, al parecer, lo recordarán los más “cristianos” de su familia. Nadie más.

 Los torturados por él en los centros de “La Cuarenta”, “El 9 de la Mella” y la base aérea de San Isidro lo habrán perdonado hace tiempo aunque por mucho esperaron una  justicia que no llegó.

Su primera esposa, la segunda de las hijas del tirano Rafael Trujillo, lo había borrado a tal extremo de su memoria que, a los tres hijos que en su primer matrimonio tuvo con él, les había quitado el apellido.

 Se dice que León Estévez vivía del dinero que mediante acuerdo de divorcio había obtenido de “Angelita”. Y que también recibía “algo” por haber casado aquí con la viuda de un multimillonario.

 ¿Por qué se suicida un ser humano?

 Por la depresión que producen la culpa o por el agregado de problemas financieros o de enfermedades terminales.

 León Estévez tenía 82 años el viernes 7 cuando se suicidó. Se dice que estaba enfermo. Y a juzgar por el lugar donde vivía, no pudiera decirse que atravesara una situación económica difícil.

 Quizá se hastió de la impunidad y de la inmunidad de haber vivido tantos años, aquí, en el teatro de sus crímenes.

 Dicen que en países de mucho desarrollo y civilización, la gente se suicida por exceso de bienestar.

 Tal vez fue el caso de León Estévez.

 Como se había “arrepentido” de sus crímenes y era un “hombre de la iglesia”, a lo mejor ya tenía ganado el “cielo”. Pero como se suicidó, lo que la iglesia católica condena, lo perdió.

 El excoronel León Estévez, cómplice a conciencia y favorecido de “Ramfis” Trujillo –el heredero del tirano que no quiso heredar la tiranía sino sólo todo el dinero de su padre-,  asesino y torturador de “La Cuarenta”, “El 9 de la Mella” y la base aérea de San Isidro, se suicidó el viernes 7 de mayo.

 ¿Encontrarán paz sus restos?

 ¿Fue el suicidio la confesión y pago tardíos por sus crímenes, entre ellos los asesinatos de muchos de los sobrevivientes de las expediciones del 14 y 20 de Junio de 1959 y, en 1960, de Pilar y Jean Awad?

El Nacional

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