Opinión

AL DÍA

AL DÍA

Memorias de Aída Trujillo
Después de leer el “relato novelado” de su vida en “A la sombra de mi abuelo”, el lector puede pensar con o contra ella.

 De creer cuanto dice de su rechazo a los métodos de la tiranía de su abuelo Rafael Trujillo, la balanza se inclinaría a su favor.

 El caso sería contrario, de tomar como venganza los hechos que relata y que se refieren a la “injusta” distribución de su herencia por su padre Rafael Leonidas (Ramfis), fallecido una semana después de un accidente de automóvil en su exilio de Madrid; a  haberse arruinado dos veces sin recibir ayuda de sus hermanos y mediohermanos –con excepción de Rafael Leonidas-, y de haber contravenido la “ley de la omerta”, que les prohibía todo pensamiento acerca del abuelo y del padre que no fuera el mejor.

 Es evidente que Aída malgastó la fortuna que le dejó su padre y lo que pudo heredar de su madre en una vida de matrimonios y uniones con aprovechadores, lo que no es especulación porque  ella lo confiesa.

 “Pero ¿es su sensibilidad, su amor por la libertad y por la democracia lo que la lleva a cuestionar los procedimientos de gobierno de su abuelo y a investigar acerca del tema? Las más de trescientas páginas de sus memorias están dedicadas a contar las cosas de su vida, desde el punto de vista individual y subjetivo, y nunca se refieren a situaciones de injusticia social y de violación de derechos humanos en el mundo en que ha vivido desde 1961.

 Una “sombra” bajo la que se vive puede ser tierna y dulce pero también pesada y amarga. ¿Bajo cuál “sombra” ha vivido la autora del “relato novelado” con el que acaba de recibir el Premio Nacional de ¿Novela? de la secretaría de Cultura.

 De todas maneras, y corregido por el Grupo Editorial Norma -normal cuando se trata de nuevos autores-, el libro de Aída Trujillo está bien escrito y relata lo que ella quiere, que sin dudas levanta y mantiene el interés del lector.

 (Durante la lectura, en ocasiones, ese lector quisiera que algo le resultase bien a esta mujer, quien parece deleitarse en detallar los momentos de amargura de sus relaciones de hija, pareja y madre y hermana. Se sabe, sin embargo, que el ser humano recuerda con minuciosidad sus momentos malos con preferencia a sus momentos buenos).

 “A la sombra de mi abuelo” pudo competir en el capítulo “testimonio” de un concurso literario pero, como lo advierte la autora en el párrafo de introducción, es un “relato novelado” y no una novela. Son reales sus personajes, y ella misma. La ficción asoma aquí  muy pocas veces.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación