En las elecciones parciales de ese año el Partido Revolucionario ganó 29 senadurías y la mayoría de las diputaciones y sindicaturas.
Hipólito Mejía, entonces también presidente de la República, creyó que el electorado se había volcado a favor de su liderato.
En julio, sancochó una reforma constitucional para eliminar la alternabilidad y volver a la reelección.
Dos años después, Mejía y su PRD perdían las elecciones generales con sólo un 34 por ciento de los votos.
Otros dos años más tarde, perdían las mayorías en el Senado, la cámara de Diputados y las administraciones municipales y quedaban reducidos a un partido de segunda importancia.
El PRD arrastraría los errores de Mejía hasta las elecciones generales de 2008 y, de manera tan contundente, hasta las congresuales y municipales de este año.
Entre la falta de capacidad de este dirigente y la astucia de su beneficiario en todos los casos, el actual y repitente presidente Fernández, éste ha podido construir un liderato partidario y nacional que, en realidad, mete miedo.
Como Mejía no asimila las experiencias para corregir errores o decidir, también por edad avanzada, retirarse de la política y dejarle eso a otros más jóvenes, capacitados e inteligentes, están de vuelta en el ruedo.
A la espera de una estocada que por grave que sea no será la final porque, genio y figura hasta la sepultura, a él habrá que sacarlo con los pies palante de una contienda electoral.
Fernández aprovechó en el 2004 la campaña de reivindicación que le habían hecho Mejía y su PRD y volvió a aprovecharla en las congresuales y municipales de 2006 y en las generales de 2008.
Y como el fantasma de la incapacidad y la imbecilidad se ha adueñado del escenario donde agoniza su adversario, se salió con la suya en el 2010 y se prepararía para conservarla en el 2012.
Fernández también reformó la constitución pero no perdió en las parciales de hace cuatro años ni en las generales de 2008. A pesar del fardo que la corrupción más escandalosa no pone a pesar sobre su espalda.
¿Genialidad de un caudillo ungido por la señal mesiánica de que deberá gobernar al país para siempre?
¿Incapacidad, imbecilidad y torpeza de sus adversarios cegados por la ambición individual, el personalismo y una característica fratricida que marca su trayectoria desde 1962?

