Opinión

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 Los constitucionalistas no tuvieron otra opción que permitir que se les cercara en 11 barrios del centro de la capital. El movimiento no logró extenderse a provincias y la invasión militar norteamericana tomó el territorio.

 El 4 de mayo de 1965 se juramentó el gobierno constitucionalista del coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, quien durante los combates en las calles y en el puente Duarte se había hecho cabeza del sector democrático en lucha y por cuatro meses resistió mediante combates frente a los agresores y a través de negociaciones con los emisarios norteamericanos.

 Por segunda vez quedaba pendiente el baño de sangre que sancionara ya no sólo a los trujillistas civiles y militares sino a quienes, civiles y militares, habían prohijado la violación de la soberanía y se guarecían bajo la fuerza de la invasión.

 Joaquín Balaguer fue impuesto por los norteamericanos en unas “elecciones” en las que el candidato Bosch no pudo salir de su casa en la carretera Sánchez por temor de ser asesinado.

 Entre junio 1966 y agosto 1978 transcurrió un período doce años que bañó de sangre popular y democrática al país. Los constitucionalistas y socialistas fueron cazados como animales.

 Mediante el fraude hecho su método, Balaguer se repostuló y se quedó con el poder en 1970 y 1974 pero sus “lecciones” desde el mando envilecieron no sólo a su gente, neotrujillistas civiles y militares, sino a sectores democráticos como el Partido Revolucionario y sus dirigentes.

 Aunque con el respaldo del gobierno de Jimmy Carter el PRD pudo tomar el poder en 1978 con su candidato Antonio Guzmán pero no se castigó a los responsables del golpe de Estado de 1963 ni a los trujillistas de 1961 ni a los vendepatria de 1965 ni a los  neotrujillistas de 1966 a 1978.

 La falta de sanción y la impunidad parecían convertirse en las banderas de gobierno y acción no sólo de Balaguer sino de sus contrarios.

 El PRD gobernó por los próximos 8 años con el desacierto, en los últimos 4, de permitir que las divisiones intrapartidarias determinaran que una fuerza importante se pusiera del lado de Balaguer y contra su candidato para las elecciones de 1986.

 El fraude electoral fue tan evidente que con sólo una convocatoria el pueblo hubiese reclamado en las calles su victoria. Pero se impuso la conseja de “evitar un baño de sangre”.

 El neotrujillismo, esta vez sin la necesidad de tantos asesinatos y persecuciones, tomaría el poder por diez años más, hasta 1996, gracias a dos años de “gracia” que mediante fraude pudo lograr en las elecciones de 1994.

 En lo adelante, la cuota de poder de Balaguer, hasta su muerte en 2002 pero también después y hasta hoy, pone su sello en la mentalidad de políticos y gobernantes cuyo norte es el enriquecimiento mediante la corrupción.

El Nacional

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