Al hijo de Altagracia Almánzar y Virgilio Martínez Reina no lo dejaron nacer. El tirano Rafael Trujillo lo asesinó junto a sus padres.
Minerva, Patria y María Teresa Mirabal, también asesinadas por Trujillo, dejaron a varios niños que vivirían con la nostalgia del amor y la protección de las madres.
A Pilar le arrebataron a su madre horas después de nacer y para completar su orfandad, la maquinaria de la tiranía asesinó meses más tarde también a su padre, el teniente Jean Awad Canaán.
Pilar y su esposo fueron envueltos por un crimen pasional que beneficiaría a Angelita, la segunda hija del tirano, aunque por poco tiempo. La apasionada princesa del padre de la patria nueva y benefactor de la patria disfrutó sólo unos meses de la viudedad de Awad Canaán.
En la trama que envolvió al doble crimen figuraba también el esposo de Angelita, Luis José (Pechito) León Estévez, quien tenía por cobrar la deuda de que su esposa le fuera infiel con el teniente Awad Canaán.
Pilar, sin la nutrición esencial del calostro en sus labios, perdió a la madre y meses después a su padre. La crió una abuela que se propuso no permitir que odio y resentimiento retorcieran el temperamento de la niña.
Por fortuna, con la fuerza y la decisión de una juventud huérfana que buscaba la formación de un hogar con esposo e hijos, Pilar dio aquí con el holandés quien casó con ella y la llevó a vivir a su país.
Lejos de la turbulencia criolla, terminó de hacerse mujer, esposa y madre y formó temperamento y carácter de ser humano sano. solidario y capaz de amar y de preocuparse y trabajar por los suyos y los demás.
Hasta que regresó a un país que no podía ocasionarle sino tristeza porque permanecían sueltos los hilos del asesinato de sus padres.
Y los criminales, según el rumor público desde entonces, andaban, Angelita rica y libre en Miami y León Estévez, quien sin que haya explicación para ello, de regreso en el país, acomodado, libre y pensionado de las Fuerzas Armadas.
Serena y con una bondad que no ha logrado aún las confesiones que busca para conocer del asesinato de sus padres, Pilar anda y desanda caminos de búsqueda que van de Santo Domingo a El Cercado, en San Juan de la Maguana, y de Jimaní a Restauración, en la provincia Independencia.
Noticias en recortes de diarios y revistas nacionales y extranjeros los conserva como reliquias del calvario que recorre. Y se la ve, no como a una mujer ya madura sino como a una niña de meses de nacida con la nostalgia del calor de su mamá y de su papá.

