No tiene discusión el hecho de que el Estado haya financiado las tres primeras partes de la carrera de poder carrera política- del presidente Leonel Fernández.
Ni el hecho de que desde el poder y desde la posición de Primera Dama, el Estado ha aportado todos los fondos para catapultar como figura política a su esposa Margarita Cedeño.
Así las cosas el poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente-, el Presidente empieza a impulsar a un delfín en la tarea política del poder y su hijo mayor Omar de un primer matrimonio-, empieza a acompañarlo en discursos de importancia y se le utiliza como elemento representativo en donaciones para instituciones públicas.
Así como no se sabe si la señora de Fernández es miembro del Partido de la Liberación, tampoco se sabe que lo sea el delfín Omar pero una dinastía no necesita de ese tipo de formalidad para operar como tal.
Basta que la primera sea la esposa, Primera Dama, además, y que el segundo sea el primogénito, para asentarse que pertenecen a la familia del poder y que una y el otro ejercen sin cortapisas los derechos condignos de financiamiento del Estado a sus carreras y de figureo en un orden de primera importancia.
(Como lo demasiado hasta Dios lo ve, que dicen los cristianos, entre sus medidas del 27 de Febrero pasado el presidente Fernández destituyó a Melanio Paredes del ministerio de Educación.
(Pero fue una destitución, al estilo de Joaquín Balaguer, sin explicación alguna. (En su lugar se designó a Josefina Pimentel, una persona con reputación de profesional capacitada y decente.
(La explicación faltó porque, aparte de rumores y especulaciones de corrupción con la impresión de los textos de una reforma que sólo se dio a conocer cuando ya estaba en marcha, el desayuno escolar había producido en varios años centenares de niños intoxicados sin que se hubiera detectado el origen del daño.
(Pero esa destitución ni otras diez que querría el país afectarían la popularidad que el presidente Fernández asienta con solidez en el erario y en las fortunas personales acumuladas por él y sus conchupantes desde 1996.
(Ni la posibilidad de seguir una carrera más arriba, mucho más, siempre con el financiamiento de los mismos fondos del Estado.

