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Balaguer: corrupción

Unos ingenuos y otros perversos entienden que, muerto Joaquín Balaguer, “a otra cosa, mariposa”. Y no.

 La corrupción y el envilecimiento político y social que implantaron los 22 años del caudillo neotrujillista en el poder han conseguido pervertir y subvertir los principios del poder, de los partidos y de las normas de la convivencia.

 Los ingenuos y los perversos –entre unos y otros impera un nivel radical e irremediable de mediocridad-, pueden decir a regañadientes que “muerto el perro, se acabó la rabia” aunque los segundos sepan que, si bien el perro murió, su rabia se ha convertido en una endemia nacional.

 La mentalidad y estilo de gobierno de gente tan joven como la que manipula al país desde 1996 no logran limpiarse del amarre balaguerista. Su política emblemática es la corrupción, incluídos el clientelismo del reparto del presupuesto y el destino de fondos del erario para el enriquecimiento personal y para la estructuración de grupos alrededor del gran jefe integrados por pequeños jefes en busca de “lo mío”.

 Y eso es enseñanza de Balaguer y, a lo que va la columna, permanencia de Balaguer en el pensar y el hacer político de partidos y dirigentes.

 Durante sus primeros doce años de gobierno, con la dirección de la política de exterminio que imponía Estados Unidos en lo más caliente de la guerra fría, el neotrujillismo del caudillo le salió a flor de mentalidad y de piel.

 Sin que le remordiera la conciencia después y sin que le temblara el pulso entonces, ordenó y ejecutó la persecución, asesinato, encarcelamiento y deportación de enemigos políticos ubicados no sólo en la izquierda revolucionaria sino en sectores de la burguesía liberal democrática.

 (Órdenes transmitidas a y ejecutadas por unos jefes de y Fuerzas Armadas retrotraídos los dos a le mentalidad y métodos del tirano Rafael Trujillo).

  Todavía se escucha, más entre los perversos que entre los ingenuos,  explicaciones acerca de los primeros doce años de Balaguer a base de que el país salía de una guerra civil y que todo el mundo estaba armado y que los comunistas conspiraban para derrocar al sistema.

 Tal y como había hecho Trujillo por recomendación de sus principales consejeros políticos entre los que estaba Balaguer, “comunista” era todo el que no aceptara el método autoritario y corrupto de gobierno.

 Entre los constitucionalistas que fueron cazados como pájaros a los que se había cortado las alas, por ejemplo, había gente de la izquierda revolucionaria pero casi todos eran simpatizantes o miembros del Partido Revolucionario y del Partido Revolucionario Social Cristiano.

  Sin embargo, fueron asesinados o enviados a las cárceles o al exilio acusados todos de un “comunismo” que muchos de ellos no compartían y hasta adversaban.

El Nacional

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