Vergüenza ausente
En sus casi cuatro años de incumbencia, el diputado por Santiago Radhamés Fermín ha visitado el hemiciclo dos o tres veces.
Lo que equivale a asegurar que no ha cumplido con el trabajo al que se comprometió mediante su candidatura.
Fermín, del desaparecido Partido Reformista Socialcristiano, fue elegido por la Alianza Rosada sancocho del PRSC y el Partido Revolucionario. Después tuvo un período de coqueteo con el Partido de la Liberación de gobierno y al final cayó en el PRD.
Mientras se daba ese baile con diferentes chaquetas y maromas de saltimbanqui político, el diputado no asistía a su trabajo. Ni asistiría después.
Y ni aún hoy, cuando su caso ha sido denunciado a la opinión pública por colegas de la Cámara.
A Fermín se le ha pagado, por concepto de sueldos, barrilito y otros extras unos nueve millones de pesos.
La sola denuncia del caso debió mover de manera inmediata la acción de la cámara de Diputados pero el bombero no pisa la mangueras del otro. El silencio de los representantes y de su institución avala el comportamiento de Fermín y lo deja como ejemplo a copiar.
El viernes 14, el diputado ausente se presentó a El Nacional y ofreció una explicación de su caso.
No vale tomarla en cuenta porque esa acción es una muestra del descaro en que se ha convertido la política en el país.
Resulta increíble que el diputado Fermín crea encontrar argumentos para explicar su ausencia permanente de la Cámara y su activo cobro de sueldo, barrilito y extras.
A su desconsideración del núcleo popular de Santiago que lo eligió, este caballero añade la burla de una explicación que no alcanza a ser eso ni cosa que se le parezca.
Porque en realidad no tiene explicación alguna el que un diputado no asistiese nunca a las sesiones de la Cámara pero cobrara con puntualidad el salario e ingresos por ese trabajo.
Dicen que, en el Cibao, atuei que roba le dicen ladrón.
Parece que ya no.
¿Le dirán diputado?

