Opinión

AL DÍA

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De los de 1960, Antonio Lockward era de los jóvenes más pero fue al primero al que se escuchó las ideas de lo que llamaba tesis de “la derrota”, interpretación de la formación de la nacionalidad y de la lucha histórica por la fundación de la nación elaborada por intelectuales de la clase dominante y de la subsidiaria y subsidiada clase media, que niega los valores de la nacionalidad y de la lucha patriótica de  la Separación de 1844, la Restauración de 1863 y los principios y ejecutorias de los escasos gobiernos liberales y democráticos en una sucesión de despotismos, dictaduras o tiranías.

 Esa gente también bautizaría “gavilleros” a los luchadores por la soberanía entre 1916 y 1924, segunda intervención e invasión norteamericanas contra el territorio, y lo mismo haría con el pueblo en armas que, civil y militar, luchó en 1965 por “el retorno a la constitucionalidad” y contra la tercera invasión militar de Estados Unidos.

 La clase dominante y sus voceros de la élite intelectual de clase media, postulan la negación del valor popular en la lucha histórica por su independencia y soberanía y reserva los más despectivos epítetos para los héroes de esas gestas.

 Y desde 1844, cuando venían de la mentalidad blanca y colonialista de los españoles y planteaban la separación de los haitianos pero en la alternativa de integrarla de inmediato como colonia de los blancos franceses, “la derrota” mantiene su vigencia, es transmitida de generación a generación y consigue adeptos en sectores de clase media y hasta en segmentos de la población mayoritaria.

 Lógico, esas ideas y prédica no se lanzan en público sino que se comentan por lo bajo. A pesar de sostenerlas, las consideran vergonzantes y en público dicen, demagogia, lo contrario.

 Pero la clase dominante y la subsidiaria y subsidiada clase media, incluída la mayoría de los intelectuales, no han logrado desvirtuar la verdad histórica ni lograr que cambien los nombres de los héroes por los de los antihéroes.

 Uno de esos subsidiarios y subsidiados, el político Joaquín Balaguer, llevó al general Pedro Santana al Panteón Nacional a descansar junto a los héroes de la Separación y de la Restauración a los que éste había perseguido, encarcelado o asesinado, pero la historia se mantuvo igual.

 Santana, el anexionista de 1861, no logra nivelar con el hecho de su valor y heroísmo durante la Separación el peso y la condena de volver a entregar la República, como provincia a la corona española.

Independentista convenenciero.

Colonialista y autoritarista de hecho y confesión.

El Nacional

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