Opinión

AL DÍA

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La Sala y dos

Hay dos condenados que pudieran aguardar con esperanza por la aprobación del Tribunal o Sala Constitucional.

 Pero eso no puede constituir un “handicap” para la necesaria implantación de esa corte.

 “La ley es igual para todos” y “todos son iguales ante la ley”.

 Si esos dos condenados fueron procesados, juzgados y condenados de acuerdo al procedimiento, la revisión de sus casos sería la primera del Tribunal pero el proceso, el juicio y la sentencia que los condenaron serían ratificados.

 Y mejor para la justicia que esos ciudadanos apelen a un último recurso para que la sociedad quede satisfecha y mejor, quizá, para ellos mismos.

 Los condenados son Ramón Báez Figueroa y Arturo Pellerano, responsables uno y el otro, según decisión final de la justicia, de los fraudes de Baninter y Bancrédito.

 Como esos dos convictos tienen muchísimo dinero, no peca de prejuicio pensar que uno y el otro pudieran haber rellenado el maletín de algún hombre con la encomienda de moverse y “engrasar” entre senadores y diputados a fin de que el Tribunal o Sala sea aprobado e incluido en la nueva Constitución.

 Por alguna vez, entonces, el dinero de la corrupción serviría para lograr un objetivo bueno para la justicia y para la sociedad, dado que el Tribunal Constitucional es una necesidad para la institucionalización y el ordenamiento jurídico del Estado y la sociedad que representa.

 Lo que no excusará de corrupción a los corruptores y a los corrompidos, incluído “el hombre del maletín”. La opinión congresual que se vende es sucia, sin importar que por excepción sirva a un propósito sano y bueno.

 Porque no hay duda de que el Tribunal o Sala Constitucional es conveniente y necesario, a pesar del histerismo que provoque en el presidente de la Suprema Corte de Justicia, Julio Subero Isa.

 La Suprema existe para ver de la constitucionalidad de las leyes. El Tribunal existiría para ver de la justicia en la aplicación de la Constitución a los ciudadanos.

 Diferencia que debe conocer el doctor Subero Isa si celos y protagonismo frenéticos no le cerraran ojos, razón y conocimiento y cultura jurídicos.

El Nacional

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