Si lo hubiera sido, con su correspondiente ejercicio, lo sería. Pero no. Hasta los casi treinta años escribí versos que juntaba en poemas y que llegaron a acumularse en un Canto Rudimentario y otro Canto Rudimentario y un Canto de Guerra, que nunca publiqué.
En 1979 apareció Bienaventurados los cimarrones, experimento de poesía y en el lustro siguiente publiqué dos cuadernillos, Memorias a destiempo y Cantonía, y una cosa, aparte, que califiqué como filosofía de patio y titulé De once varas.
Entonces colgué la lira y vengo dedicado al estudio de la historia y a ciertas aventuras de la historia periodística o periodismo histórico que he publicado con los títulos a continuación.
Más o menos; Todo por Trujillo. (Fuerzas Armadas y militares: un proceso político desde 1930; En busca del pueblo dominicano; El sargento Douglas Lucas. Revolución Constitucionalista y Guerra Patria de Abril de 1965.
Entre uno y otro de esos libros, publiqué Balaguer. Notas cotidianas para un ensayo, que es una selección crítica de las columnas de análisis acerca del déspota ilustrado neotrujillista y sus gobiernos de 22 años y Pagar o matar, un ensayo acerca de la primera experiencia de gobierno del Partido de la Liberación.
Para publicarse, por el Archivo General de la Nación, está Historia pendiente. Moca, 2 de Mayo de 1861, una exhaustiva investigación bibliográfica de la gesta restauradora y, en Letra Gráfica, Lucha contra Trujillo. 1930-1961, un recuento de casi todos los movimientos y participantes de conspiraciones contra la tiranía.
Pero la poesía de los primeros 30 años no fue un pasatiempo. Las lecturas previas, junto a las de ensayos estilísticos y a la práctica de los primeros años del periodismo, me permitieron familiarizarme con el lenguaje y con la necesidad de comunicar. Pero entendí que podía contribuir mejor con los deberes del tiempo mediante el periodismo histórico o la historia periodística, y en eso estoy en estos últimos cuarenta años.
(No es que haya un periodismo histórico o historia periodística sino que, al investigar y organizar para redacción el periodista, el estilo de su oficio se imprime al texto, con todo y que trata de adaptarse a la metodología del trabajo histórico).
El oficio poético, así lo entendí y por eso abandoné el quehacer, hay que dejarlo a los genios porque sólo los genios pueden sentir, pensar y escribir a la altura de los Federico Bermúdez, Franklin Mieses Burgos, Arthur Rimbaud, Pablo Neruda, Nicolás Guillén, Rainer María Rilke, Nikos Kazantzakis, Nazim Hikmet, Carl Sandburgh, Publio Virgilio Marón, Quinto Horacio Flaco, Dante.
La investigación de la historia, a cambio, ofrece muchos huecos por donde colar una vocación que, junto a la poesía, experimenté desde niño. Y, con el resultado de investigaciones, posibilidades de contribuir.

