Son los últimos centros de corrección y rehabilitación inaugurados por el nuevo modelo penitenciario.
Vista al Valle, SFM, cubre 18.5 tareas de edificaciones y lugares para plantaciones, talleres y aulas de enseñanza, cocina y comedores, celdas y deportes.
La Isleta, Moca, tiene disponibles 8 mil 262.06 metros cuadrados con 13.13 tareas disponibles para corrales de aves y otros animales, siembras, invernaderos y espacios deportivos.
Rafey, en Santiago, no puede medirse todavía porque la inundación artificial del yaque destuyó los centros de mujeres y hombres y hubo que reconstruirlos y rehabilitarlos el año pasado.
Comoquiera, lo importante será siempre la comunidad de seres humanos que, de arriba abajo, de procurador general de la República Radhamés Jiménez a director General Roberto Santana y de directores y funcionarios hasta internos, vive y alimenta el fuego de su esperanza en los fogones de una vida digna, de disciplina, trabajo, estudio y diversión.
El experimento de los invernaderos, en los tres centros, busca los caminos de su realización y mejoramiento con vegetales y legumbres; por aquí la lechuga y el puerro y por allá el tomate y los ajíes. Los centros están llamados a convertirse en empresas de autogestión sostenibles porque el área productiva de todos ellos tiende a producir sobre la demanda de cada uno, lo que permite la venta pública de esos vegetales y huevos y otros renglones de la agricultura y la pecuaria.
El dinero que se produce ayuda a mantener los centros pero, en una parte de importancia, va a las cuentas individuales de internas e internos que, al momento de cumplir y dejarlos, contarán con un capitalito para no salir de allí con una mano atrás y otra adelante y que a lo largo o corto de su internado habrán podido disponer de recursos para hacerlos llegar a padres, hijos y otros familiares.
La idea de la autogestión y la sostenibilidad económica va en el par de sentidos de su mejor naturaleza: contribuir con el mantenimiento del centro pero también con el de las internas e internos quienes, cuando carecen de responsabilidad que cumplir en la calle, pueden ahorrar y contar con el recurso indispensable para establecerse con independencia una vez cumplan su internado.
La disciplina y la educación quieren liberar a los internos de la necesidad de salir a buscar trabajo, cuando cumplan, para ofrecerles la posibilidad de establecer su propio, pequeño negocio de costura, ebanistería, herrería, agricultura, horticultura, alfarería y cerámica y, porqué no, pintura y escultura, canto, baile y teatro.
A la irreversibilidad de este proceso de reforma carcelaria con los centros de corrección y rehabilitación contribuirá, en gran manera, el respaldo que la sociedad del país y de sus comunidades brinde al programa.

