El descrédito del Congreso
Aunque por complacencia y otros vínculos los medios se prestan al protagonismo de senadores y diputados, la gente del común no parece tener el menor respeto por los legisladores.
Los barrilitos y otros negocios de escándalo merman al máximo la credibilidad de estos funcionarios, quines además gozan de inmunidad e impunidad.
Todos, sin excepción, aspiran a la reelección el año que viene, sobre todo por el hecho de que entonces serán seis y no cuatro años los de su ejercicio.
Ahora, bien.
Si los partidos De la Liberación y Revolucionario quisieran empezar a contribuir con la institucionalización de la administración pública y con la transparentización de su funcionamiento, valdría que acordaran un pacto para reordenar el desorden de corrupción en el Senado y la cámara de Diputados.
Así:
Que desaparezcan los barrilitos y las exoneraciones individuales. Que los legisladores no puedan operar organizaciones no gubernamentales para ayuda social que en realidad son el taparete de sus operaciones políticas personales. Que las senadurías y diputaciones pertenezcan a los partidos, como en realidad deberían, y no a quienes utilizan a la institución para alcanzar el puesto y una vez obtenido lo manejan como sinecuras individuales y familiares. Que desaparezca el nepotismo de las nóminas de las cámaras. Y que los precandidatos acepten el acuerdo.
La democratización de la corrupción, que estableció en sus veintidós años de gobierno Joaquín Balaguer, llega a extremos incalificables y a sumas fabulosas. El déspota ilustrado manejaba una corrupción cuyo monto tenía una tasa de cambio a la par. La corrupción de 1996 a estos días llega a una tasa de 36 pesos por cada dólar. Un millón de dólares de entonces era un millón de pesos. Un millón de dólares hoy son 36 millones de pesos.
(De ahí que las autoridades hayan decidido empezar a investigar depósitos bancarios de funcionarios que alcanzan los 10 millones de dólares. En los veintidós años de Balaguer, con medio millón de pesos o mucho menos se establecía una ONG. En el año 2000, la Fundación Global del entonces y actual presidente Leonel Fernández se fundó con 100 millones de pesos).
Si se quiere que viejos y nuevos senadores y diputados participen en un movimiento institucional que recupere la fe de la gente en la democracia parlamentaria y gubernamental, que el PLD y el PRD firmen un acuerdo para transparentar al Senado y a la cámara de Diputados y para adecentar a los legisladores.
(Sueña, Pilarín, se burla el otro).
