Ellos mismos se llaman jueces. Y mucha otra gente también. Los medios y periodistas, por supuesto.
Son nueve y constituyen la Junta Central Electoral.
El sábado 18 de setiembre, sobre el mediodía, había un lujosísimo automóvil parado al revés en la entrada del parqueo Sur techado del supermercado Nacional entre la avenida 27 de Febrero y la calle José Aybar Nicolás.
El carro era un Lincoln modelo Town car que, de acuerdo a un letrero metálico tan grande como el de la marca, decía Gus Machado, el conocido dealer de Miami, de la colonia latina de exiliados.
En una placa de bronce, delante y en el medio del bumper, el carro parqueado al revés advertía: Presidente de la Junta Central Electoral.
La entrada al supermercado es por el Sur y la salida por el Norte, aunque se permite salir también por la primera.. No se permite parquear en la curva que hace esa entrada para evitar el tapón que se formaría.
Al volante del Lincoln, el chofer. Vestido de civil, no se sabía si era militar. Tampoco se supo si quien hacía la compra era el presidente de la JCE, Julio césar Castaños Guzmán, su esposa o ambas penas a la vez.
Interesó sólo que el automóvil estuviese aparcado al revés a la entrada del parqueo techado del primer piso de la tienda.
Aparte de lo lujoso del carro entre 5 y 7 galones de gasolina premiun por kilómetro-, afrentó a las personas que lo vieron el hecho de que se permitiera al funcionario aparcar a la entrada del parqueo, y al revés.
¿Se lo permitieron o se lo permitió el doctor Castaños Guzmán o quien anduviese en su carro?
Ellos mismos se llaman jueces y mucha otra gente también.
¿Jueces?
(El caso que protagonizó el automóvil del presidente de la JCE explica también porqué la esposa del más alto funcionario de un banco comercial del Estado, cada mañana, lleva a sus hijos a la escuela a son de sirena en el carro de su marido y con sus dos franqueadores).
El poder corrompe. El poder absoluto corrompe absolutamente.
¿Jueces?

